1973: El planeta salvaje (La planète sauvage)

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El planeta salvajeamazon

René Laloux.
EL PLANETA SALVAJE (LA PLANÈTE SAUVAGE).
10/10 – EL OLIMPO

Categoría: Película.
Guion: René Laloux y Roland Topor.
Año: 1973.
País: Francia, Checoslovaquia.
Género: Ciencia Ficción.
Técnica: Cutout, Stop Motion.
Idioma: Francés.
Característica: Imaginativo, Aliens, Surrealismo.
Duración: 1h 12min.
Clasificación por edades: NR-12.

El de René Laloux es uno de esos curiosos casos de cineastas especialmente apreciados entre los amantes de la animación que, sin embargo, probablemente no se viesen a sí mismo como animadores. Y no lo es en el sentido de que no figura como animador en los créditos de su filmografía. No era él quien se encargaba de dotar de movimiento a personajes y fondos. Lo que sí fue es uno de los más brillantes directores a la hora de emplear el medio para narrar historias. El planeta salvaje, su primer largometraje, es el mejor ejemplo.

El film nace de la unión de los talentos de Laloux y Roland Topor, este último coautor del guion y responsable de los diseños. La obra adapta libremente Oms en série, escrita por Stefan Wul y publicada 1957, novela de la que extrae muchos de sus más interesantes aspectos de ciencia ficción. Ahora bien, el fabuloso despliegue estético al que asistimos es mérito de Laloux, pues apostó por la poco usada técnica de animación con recortes, que dota a la animación de un aspecto único, y de Topor, cuya fértil imaginación y fuerte personalidad redondean la propuesta visual.

La obra, en definitiva, es una muestra de cómo la creatividad podía ser la principal materia prima de una narración audiovisual, frente a la adecuación a un género, a los gustos de la época o a las exigencias de la industria, entre otras cuestiones que habitualmente afectan a la realización de películas. El impulso artístico en este caso es la particular visión del cine del primero y las ilustraciones del segundo. Si uno escribe “Roland Topor” en un buscador, verá una serie de dibujos en los que se aprecia la peculiar poética visual y el influjo surrealista que con tanto éxito desarrolló aquí.

Este largometraje fue la tercera colaboración del dúo tras los cortos Tiempo muerto (1965) y Los caracoles (1966). Jordi Sánchez-Navarro, que en el libro La imaginación tangible (2020) incluye la película en su lista de esenciales de la animación, recupera una cita del propio director en la que reconoce la valiosa aportación de Topor. De El planeta salvaje escribe: “una película marcada por la riqueza del universo toporiano y, en consecuencia, por la voluntad de multiplicar las ideas en el nivel del guion”. Es interesante que emplee la palabra “ideas” para este ejercicio de creatividad, puesto que para su compatriota y filósofo Gilles Deleuze crear era tener una idea.

Las ideas son muchas y asombrosas. Los Draags, esos extraterrestres azules con rasgos marinos, son una maravilla de diseño y conforman una civilización que resulta al mismo tiempo asimilable a la del hombre y completamente diversa. La idea de las meditaciones, que no está en la novela, es particularmente brillante y figura una memorable escena que ilustra una de esas meditaciones colectivas. Pero es que todo en el film resulta fascinante. La fauna, la flora, las costumbres, la tecnología… Es interesante, además, que la narración se detenga de tanto en tanto para mostrarnos pequeñas viñetas independientes que muestran particularidades del planeta, como una suerte de planta con rostro o un animal que acude a devorar a un recién salido de un huevo.

Por otra parte, por mucho que esta sea una propuesta que privilegia el estilo frente al contenido, plantea muchas interesantes cuestiones. Desde las más obvias, como la forma en la que los humanos tratamos como esclavos a numerosos animales del mismo modo que los Draags tratan como mascotas -o como plagas- a la raza humana; hasta apasionantes subtextos, como la determinación de progreso y civilización de los Oms -del francés hommes, hombres-, que subsiste y mejora su condición de vida hasta en el más desfavorable contexto. No creo que sea muy aventurado proponer una lectura humanista de su trama.

El planeta salvaje no es una película redonda. Se le puede reprochar el uso excesivo de la voz en off, por ejemplo. Sin embargo, visual y temáticamente resulta tan fascinante aun hoy, medio siglo después de su creación, que la consideramos una de las obras maestras de la animación.

Por cierto, la banda sonora de Alain Goraguer, una dosis de funk psicodélico, es lo que más ha envejecido de esta producción, porque su estética sonora lleva claramente impreso el sello de los 70, pero eso no la hace menos irresistible. Además, es apropiada en este contexto y casa muy bien con el estupendo diseño de sonido, otro aspecto clave del film.

Para ampliar: la película inició una trilogía de ciencia ficción dirigida por René Laloux que se completa con Los amos del tiempo (1982), colaboración con Jean Giraud, alias Moebius; y con Gandahar (1987).

Dato curioso: el film se rodó en el estudio que toma su nombre de Jirí Trnka, el maestro de la animación checa que dirigió películas esenciales como Cisaruv slavík (1949) o El sueño de una noche de verano (1959).

Reseña Panorama
Puntuación
10
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