1982: Nimh El mundo secreto de la señora Brisby (The Secret of NIMH)

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Nimh El mundo secreto de la señora Brisby (The Secret of NIMH)amazon

Don Bluth.
NIMH EL MUNDO SECRETO DE LA SEÑORA BRISBY (THE SECRET OF NIMH).
9/10

Categoría: Película.
Guion: Don Bluth, John Pomeroy, Gary Goldman y Will Finn.
Año: 1982.
País: Estados Unidos.
Género: Aventura, Fantasía, Drama.
Técnica: 2D, Rotoscopia.
Estudio: Don Bluth Productions.
Idioma: Inglés.
Característica: Animales, Familia.
Duración: 1h 22min.
Clasificación por edades: Todas las edades.

Antes de iniciar su trayectoria como artista independiente, Don Bluth se curtió durante más de una década en Disney. A lo largo de los 70, fue ascendiendo en la jerarquía de la compañía del ratón, de modo que pasó de ser animador de personajes en Robin Hood (1973) o Lo mejor de Winnie the Pooh (1977) a ser director de animación en Los rescatadores (1977) y Pedro y el dragón Elliot (1977). Es más, antes de abandonar el estudio fundado por Walt Disney, tuvo la oportunidad de dirigir el corto Un borrico en Navidad (1978), cuyo contenido bíblico es generalmente visto como un ejemplo de la falta de liderazgo que vivía por entonces la división de animación.

Tras su marcha de la compañía junto a otros compañeros igualmente frustrados con su escasa producción de largometrajes, Don Bluth se convirtió en la principal alternativa de Disney durante los 80. Es más, hasta el inicio de su renacimiento con La sirenita (1989), no era aventurado ver en la filmografía como director de Bluth la verdadera continuación del legado de Walt Disney. Al fin y al cabo, Tod y Toby (1981) y Tarón y el caldero mágico (1985) son películas estimables, pero no están entre lo más apreciado de Disney: hubo que esperar a Basil, el ratón superdetective (1986) para asistir a su recuperación.

Con Nimh El mundo secreto de la señora Brisby, su primer largometraje como director, mostró Don Bluth que era una de las mayores fuerzas artísticas de la animación. Lo hizo recuperando todo lo que había hecho grande a Disney, de modo que su cine no destaca tanto por su personalidad ni osadía artística como por su hábil combinación de talento y buen hacer artesanal. El film convence, sobre todo, por su excelente diseño de personajes y por la expresividad lograda con la animación, y en esos y otros aspectos se nota la influencia del Disney clásico, que es el periodo que Bluth quería revivir.

La historia, adaptada de la novela de Robert C. O’Brien, presenta puntuales problemas de ritmo y algunos pasajes clave están resueltos de manera un tanto precipitada -los desenlaces de Nicodemus y el villano, por ejemplo-, pero todo eso pasa a un segundo plano cuando la parte visual es tan estimulante. En cualquier caso, la narración es generalmente satisfactoria y no ha envejecido nada.

Además, el director comprendió que a la mayoría de niños, incluso aquellos en edad escolar, les gusta pasar miedo en el cine, seguramente porque es un miedo controlado, inofensivo: la misma sensación que explica que a los adultos nos gusten las películas de terror o los parques de atracciones. Por eso aquí se atrevió con pasajes un tanto inquietantes, o que beben de los códigos del cine de terror, como la visita al búho gigante. En fin, también en eso bebía del primer Disney, el de la transformación de la madrastra en Blancanieves y los siete enanitos (1937), del demoníaco Chernabog en Fantasía (1940) o la amenazante ballena en Pinocho (1941).

Jordi Sánchez-Navarro, en el libro La imaginación tangible (2020), la incluye en su lista de 50 películas esenciales de la historia de la animación, de la que escribe: “una gran aventura de argumento complejo, a veces algo enrevesado y disperso, pero siempre estimulante, que mezcla géneros -drama familiar, aventura romántica, ciencia ficción, fantasía oscura-, tonos narrativos -de lo sombrío a lo cómico, con abundantes fugas a lo terrorífico sin complejos- y estilos gráficos y pictóricos -son notables en diversos momentos de la película tanto el eco de la escuela pictórica conocida como impresionismo de Pensilvania, que incluye a artistas como Robert Spencer, Walter Emerson Baum o Mary Elizabeth Price, como el estilo de las escenas rurales del pintor que quizá haya tenido mayor influencia en el cine estadounidense, Edward Hopper”. [Por eso me gusta citarle, por nos obsequia con análisis como este].

Nimh El mundo secreto de la señora Brisby, por otra parte, es muy estimable por tres aspectos más. El primero, que retomase técnicas de la animación tradicional que ya no estaban muy en en boga, como la rotoscopia o la cámara multi-plano que había perfeccionado Disney en sus primeras películas. El segundo, la estupenda banda sonora de Jerry Goldsmith en su debut en el cine de animación, que brilla particularmente, como de costumbre, en los pasajes dramáticos y las piezas largas de complejo desarrollo. El tercero, si se ve en versión original, es el excelente trabajo de los intérpretes, especialmente Elizabeth Hartman como Mrs. Brisby, el divertido Dom DeLuise como Jeremy y Derek Jacobi en su breve papel como Nicodemus. Es un buen ejemplo del resultado que se puede obtener si se recurre a buenos actores, no a los famosos de moda en ese momento independientemente de si son o no adecuados para sus personajes

Durante el resto de los 80, Don Bluth amplió su discografía con otros tres clásicos de la animación, Fievel y el Nuevo Mundo (1986), En busca del valle encantado (1988) y Todos los perros van al cielo (1989), pero su debut como director de largometrajes sigue siendo el mejor trabajo de su carrera.

Reseña Panorama
Puntuación
9
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