1987: Robot Carnival

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Robot Carnival nació como un OVA, formato que, en el boyante Japón de la burbuja económica, permitía emprender ambiciosos proyectos sin tener que preocuparse tanto por el resultado comercial: al fin y al cabo, no estaba pensado para exhibirse en cines. De esa mezcla de aventura creativa, presupuesto considerable y experimentación nació esta maravillosa rareza que reúne nueve cortometrajes al estilo de los que se ven en los mejores festivales de animación. Piezas breves cuyo nexo común es el protagonismo de los robots. Bueno, ese y la aventura artística que muestran sus autores.

Uno de los aspectos más interesantes es que dio la posibilidad de trabajar como directores a una serie de talentosos animadores sin apenas experiencia en la dirección -o ninguna-, pero que gracias a este trabajo iniciaron su trayectoria en ese rol. No todos se convirtieron luego en referentes como Katsuhiro Ôtomo, que solo un año después estrenó la monumental Akira (1988), pero la mayoría sí siguieron dirigiendo regularmente y varios de ellos, curiosamente, participaron en otros destacados proyectos antológicos, como Memories (1995), Animatrix (2003) o Genius Party (2007).

Por otra parte, los responsables del OVA tuvieron la inteligencia de no exigir a los directores que se ajustaran a un tono o estética para que el conjunto fuese más homogéneo. Al optar por un enfoque menos comercial lograron también un largometraje particularmente variado, con multitud de estéticas y de acercamientos a la narración, y que confirmaba a la industria japonesa como una de las más interesantes desde un punto de vista artístico.

Finalmente, buena parte de la banda sonora la compuso Joe Hisaishi, célebre luego por crear la música de los films de Hayao Miyazaki. Cierto que el generoso empleo de sintetizadores sitúa claramente el sonido en los 80 y por eso mismo ha envejecido un poco, pero la propuesta musical es tan interesante, experimental y bella como la visual. Además, como varios de los segmentos no incluyen ni diálogos ni apenas efectos sonoros, parecen memorables videoclips para la música de Hisaishi.

Felipe Múgica, en su estupendo libro Explosión anime (2020), comenta: “para el que escribe, una de las propuestas del anime de 1980 más atractivas y sugerentes. (…) Con total libertad creativa, sin miedo al riesgo (la mayoría de relatos son sin diálogos), con unos medios holgados (el nivel de la animación es alto en todos los casos) y en que los tonos y las temáticas son tremendamente diferentes de un caso a otro. (…) Una propuesta de episodios visual y argumentalmente estimulante en que cada relato se aleja totalmente en estilo del anterior ofreciendo un rico abanico de historias”. Es una de las menos de diez producciones a las que otorga cinco estrellas de cinco.

Nota: me pregunto si, además de Heavy Metal (1981), Tim Miller tuvo en mente esta propuesta cuando le propuso a Netflix la serie Love, Death & Robots (2019). Sea o no el caso, es un visionado complementario recomendable.

Reseña Panorama
Puntuación
10
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