2006: Paprika (Papurika)

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Paprika (Papurika)amazonMovistar Plus

Satoshi Kon.
PAPRIKA (PAPURIKA).
10/10 – EL OLIMPO

Categoría: Película.
Guion: Seishi Minakami y Satoshi Kon.
Año: 2006.
País: Japón.
Género: Ciencia Ficción, Crimen, Aventura.
Técnica: 2D, Anime.
Estudio: Madhouse; Production I.G., DR Movie, Anime Torotoro, Cyclone Graphics (apoyo).
Idioma: Japonés.
Característica: Imaginativo, Aventurado.
Duración: 1h 30min.
Clasificación por edades: NR-16.
Streaming: Movistar+.

La filmografía de Satoshi Kon, exigua por su triste muerte en el 2010, con 46 años, es una de las más interesantes de la historia de la animación. Es un referente del medio a pesar de que solo dirigió cuatro largometrajes y una serie, porque esas cinco obras son excelentes, personales y atrevidas. Las dos últimas me parecen obras maestras.

Tras sus tres primeras películas, las muy recomendables Perfect Blue (1997), Millennium Actress (2001) y Tokyo Godfathers (2003), el cineasta japonés reunió la mayor parte de sus obsesiones e ideas no realizadas en la monumental serie Paranoia agent (2004), un ambicioso estudio del efecto del miedo que explora también una constante de su trabajo: las intersecciones entre realidad y fantasía, entre cordura y locura.

Asuntos que trató de nuevo en Paprika, su último film, que sintetiza los aciertos de su cine en una propuesta visualmente espectacular y memorable. Aunque el argumento no es particularmente complejo -un apartado denominado DC Mini permite introducirse en los sueños y modificarlos-, su lógica se va volviendo cada vez más difusa, así que no es el más aconsejable para quienes necesiten entender todo lo que ven en pantalla. Sí resultará estimulante a quienes prefieran una animación que privilegie la imaginación visual y, en general, a quienes otorguen más importancia a cómo está contada que a la trama.

Jordi-Sánchez Navarro, en su libro La imaginación tangible (2020), la incluye en su lista de 50 películas esenciales de la historia de la animación y escribe lo siguiente: “A lo largo del metraje, y como si se tratara, en efecto, de un sueño colectivo, iconos pop, figuras de la mitología clásica y objetos de la vita cotidiana cuyo sentido ha sido desplazado inundan la imagen, en un desbordamiento simbólico que se diría la versión pop de las extravagantes composiciones de las pinturas de El Bosco. Recogiendo el testigo de la visionaria Proyecto Brainstorm (Douglas Trumbull, 1983) y de la esencial Strange Days (Kathryn Bigelow, 1995), Paprika ofrece una ciencia ficción exigente para el espectador cuyos temas últimos son la fragmentación de la realidad en el siglo XXI, la colonización del inconsciente por la cultura del espectáculo y la pugna entre lógica causal y relato sensorial en el cine, temas que de algún modo recogerá pocos años después Christopher Nolan en Origen (Inception, 2010)”.

Tal es efectivamente la riqueza del film, la cantidad de referencias cultas tomadas del cine y de la pintura, por ejemplo, que podría ser el objeto de una tesis doctoral. Pero no hace falta analizar cada aspecto ni advertir cada influencia -yo asumo que solo conozco una pequeña parte- para disfrutar con el despliegue de planos y escenas sugerentes o de gran fuerza.

Y por supuesto, esto es evidente, es interesante la relación que establece entre el mundo de los sueños y el cine, arte del que desarrolla un homenaje que debería seducir a cinéfilos, incluidos aquellos que sientan escaso interés por la animación. Imagino que muchos de ellos querrían vivir cerca de esa avenida repleta de cines con grandes carteles de películas -desde clásicos como Vacaciones en Roma a la filmografía del propio director- que protagoniza varios de los pasajes más intensos del film. En fin, lo afirma uno de los personajes: “los sueños de la fase REM son como largometrajes”.

Finalmente, hay tres cuestiones que voy a comentar brevemente. 1) la conexión con dos clásicos del anime: Akira (1998), por las asombrosas transformaciones y los adultos con rostro aniñado; Pom Poko (1994), por los desfiles de criaturas fantásticas de todo tipo; 2) la inusual y difícilmente previsible historia de amor que desvela en el desenlace; 3) el esencial rol de la música, que emplea poco pero siempre de manera muy efectiva, especialmente con esa fanfarria que acompaña los oníricos desfiles o la pieza de electrónica asociada al personaje protagonista, que suena completa en los créditos finales.

Para quien esto escribe, es la más deslumbrante obra de anime desde El viaje de Chihiro (2001), la película cumbre de Hayao Miyazaki.

Reseña Panorama
Puntuación
10
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