2014: El recuerdo de Marnie (Omoide no Mânî)

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El recuerdo de Marnie (Omoide no Mânî)amazonNetflix

Hiromasa Yonebayashi.
EL RECUERDO DE MARNIE (OMOIDE NO MÂNÎ).
8/10

Categoría: Película.
Guion: Keiko Niwa, Masashi Ando y Hiromasa Yonebayashi.
Año: 2014.
País: Japón.
Género: Fantasía, Drama.
Técnica: 2D, Anime.
Estudio: Studio Ghibli; Khara Corporation, Oh Production, Tatsunoko Production, The Answer Studio, Studio Cockpit, Anime Torotoro (apoyo).
Idioma: Japonés.
Característica: Familia, Amistad, Delicado, Emotivo, Intimista, Melancólico.
Duración: 1h 43min.
Clasificación por edades: NR-7.
Streaming: Netflix.

Ahora sabemos que no es así, pero cuando se estrenó El recuerdo de Marnie, todo parecía indicar que se trataría del último film realizado por Studio Ghibli. Hayao Miyazaki había anunciado su retirada una vez más tras completar El viento se levanta (2013): esta vez, entre el tipo de película que dirigió y su edad, sí daba la impresión de que se trataba de su verdadera despedida. Isao Katahata también había terminado un año antes un largometraje, El cuento de la princesa Kaguya, cuya frase final podía igualmente interpretarse como su despedida del oficio y de la vida. Tristemente, en ese caso sí fue lo que ocurrió, pues murió unos años después. El mismo responsable del estudio, Toshio Suzuki, anunció un tiempo de inactividad para “hacer limpieza de casa o reestructurarse”.

De haber sido esta la última película de la querida compañía japonesa, hubiera sido una muy digna y apropiada despedida, porque condensa muchas de sus señas de identidad y de los elementos que llevaban seduciendo a espectadores desde mediados de los 80. Veamos algunas de esas características.

Fue la segunda vez que Hiromasa Yonebayashi ejercía el rol de director tras Arrietty y el mundo de los diminutos (2010). Como en aquella, desarrolla un tipo muy particular de realismo mágico -por tomar prestado el término literario-. En este caso, como en otras tantas cintas de Studio Ghibli, no queda nunca claro donde comienzan y acaban esos componentes fantásticos, sensación de misterio que acentúa la eficacia del recurso.

Otro clásico del estudio: la trama comienza con un viaje a una zona rural de un personaje central o clave. Como en Mi vecino Totoro (1988), Recuerdos del ayer (1991), El viaje de Chihiro (2001) y el anterior film de Yonebayashi. Corolario: el rol de la naturaleza, aspecto esencial en algunas de las mejores obras de su filmografía, con Pom Poko (1994), La princesa Mononoke (1997) o Ponyo en el acantilado (2008) como ejemplos paradigmáticos.

Si seguimos con las cuestiones temáticas, vemos que la niña protagonista tiene inquietudes artísticas, cosa que también ocurría en Susurros del corazón (1995) y La colina de las amapolas (2011). Y por supuesto, no falta ese toque de paso de la niñez a la edad adulta, tan querido por Miyazaki, de largometrajes como El castillo en el cielo (1986), Nicky, la aprendiz de bruja (1989) o Puedo escuchar el mar (1993), además de muchas de las ya mencionadas.

Luego hay cuestiones de tono, que tienen que ver con la sensibilidad, o la delicadeza con la que trata los sentimientos, que están en el centro del poder de seducción de Studio Ghibli. Y si hablamos de seducir, es preciso mencionar la cuestión que desde la primera escena nos entra por los ojos: una estética tan deslumbrante y una animación tan cuidada como de costumbre.

Aun siendo Hiromasa Yonebayashi un excelente director que confirmó su talento con su siguiente película, la muy recomendable Mary y la flor de la bruja (2017), esta película se queda un peldaño por debajo de las obras maestras de Studio Ghibli. Un peldaño muy pequeño, eso sí. Está narrada con buen pulso, mantiene el interés a pesar de la casi inexistente acción y nos regala dos memorables personajes, Marnie y Anna. Además, el desenlace es tremendamente emotivo: que se preparen las mentes sensibles.

Reseña Panorama
Puntuación
8
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