2020: Wolfwalkers

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WolfwalkersamazonAppleTV+

Tomm Moore y Ross Stewart.
WOLFWALKERS.
10/10 – EL OLIMPO

Categoría: Película.
Guion: Will Collins.
Año: 2020.
País: Irlanda, Luxemburgo, Estados Unidos, Francia.
Género: Aventura, Fantasía, Drama.
Técnica: 2D.
Estudio: Cartoon Saloon, Mélusine Productions, Folivari, FOST Studio.
Participación: Canal+.
Idioma: Inglés.
Característica: Niños, Animales, Naturaleza, Preciosista.
Duración: 1h 43min.
Clasificación por edades: Todas las edades.
Streaming: AppleTV+.

Tomm Moore era ya uno de los más apreciados directores de animación gracias a su trabajo en las recomendables El secreto del libro de Kells (2009) y La canción del mar (2014). Sin embargo, su tercera película le sitúa directamente en el Olimpo de los creadores del medio. La dirigida junto a Ross Stewart es una maravilla de tal envergadura artística que debería ser para Cartoon Saloon lo que La princesa Mononoke (1997) fue para Studio Ghibli, Blancanieves y los siete enanitos (1937) para Disney o Toy Story (1995) para Pixar. No me refiero al éxito comercial pues son épocas diferentes y esta se estrenó en AppleTV+ en la mayor parte de países, sino al estatus de esencial para los amantes de la animación que la obra confiere al estudio responsable.

Wolfwalkers es una maravilla cuyo apartado visual resulta deslumbrante. Hay algo cuasi prodigioso en el hecho de que, en Occidente, en plena hegemonía de la animación 3D, haya visto la luz una obra de animación tradicional de esta ambición. Los fondos, todos, sin excepción, son obras de arte. Son tan bonitos y están tan repletos de detalles que se puede ver el film fijándose solo en eso una vez se conoce la historia. Cómo plasma la naturaleza y el contraste con la parte urbana debería estudiarse en escuelas de animación. Pero es que aquí todo es un acierto: la paleta de colores, la manera de ilustrar los aspectos fantásticos, el diseño de los personajes…

Hay, por otra parte, numerosos aspectos que son particularmente interesantes. Para empezar, el juego con la perspectiva: la ciudad, por ejemplo, figura en plano como si se tratara de un encuadre cenital. El efecto es llamativo desde un punto de vista estético, pero narrativamente ayuda también a acentuar el contraste entre los dos mundos, el bosque de los lobos y la amenazante ciudad de los humanos. También tenemos la pantalla partida en hasta tres partes, recurso que se repite en varios momentos y que es igualmente eficaz en los dos niveles, el visual y el narrativo. Esos dos elementos, por cierto, es posible que sean influencias de la iconografía medieval, en los que era habitual no tener en cuenta la perspectiva o dividir una tabla en varios motivos que ilustran sucesivos momentos de una historia, en orden cronológico, a modo de narración.

Hay igualmente detalles curiosos, como esa transición entre dos escenas en las que el color desaparece hasta que solo vemos trazos en blanco y negro, para posteriormente volver a colorearse frente a nuestros ojos. También hay transiciones con barridos, o breves pasajes encuadrados con un marco negro, hábiles usos de planos subjetivos y cenitales -cuando los lobos rodean a la ‘wolfwalker’-, llamas ilustradas de un modo no realista que contrastan con el resto… En fin, es una obra tan rica que sería necesario un estudio pormenorizado: se podría escribir una tesis doctoral.

Finalmente, tenemos la escena en la que la protagonista descubre sus amplificados sentidos del olfato y el oído, mostrados visualmente de un modo tan eficaz como bello, que posiblemente sea la más brillante de la película. Y lo mejor de todo es que esos hallazgos visuales y narrativos están al servicio del buen guion de Will Collins -autor también del de La canción del mar-, una interesante historia que saca mucho partido del mito de los ‘wolfwalkers’.

La única pega es que su banda sonora, aunque musicalmente muy estimable, sea exactamente la que se espera de un film como este: folclore irlandés con empleo de instrumentos tradicionales. Eso sí, Bruno Coulais firma un trabajo estupendo y se ve que era ya mucho pedir que asumiera también riesgos en este apartado. Un pelín más discutible es, de todos modos, que la por lo visto inevitable canción, Running with the Wolves, compuesta y cantada por Aurora, suene justo en esa brillante escena en la que la protagonista se transforma por primera vez en loba. De nuevo, la canción no es el problema, porque de hecho está muy bien, sino su convencional empleo precisamente en el más aventurado pasaje de la cinta.

Reseña Panorama
Puntuación
10
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