Entrevista a Choche Hurtado

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Choche Hurtado es el director de Kokuruga (2021) y Kokuruga #2 (2022), cortos seleccionados en ediciones consecutivas de uno de los más destacados festivales de animación de Iberoamérica, Weird Market, cosa que muy pocos cineastas pueden decir. Sin embargo, con o sin esa selección, lo esencial es que son obras muy personales e interesantes, que se desmarcan de las tendencias predominantes en el ámbito animado. Ante la emergencia de tan singular cineasta, no pudo resistirme a entrevistarle.

¿Qué animación te gustaba especialmente cuando eras pequeño?

De pequeño no tenía opción de elegir nada, así que me tragaba cualquier cosa que echasen por la tele, que con el paso del tiempo he pasado a ver tristeza y horror, como Los Fruitis o Delfi. Era un tipo de animación muy pobre, con unas historias muy ramplonas. Sí que recuerdo sentir una fascinación especial con la película ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y series como Rugrats, Pingu, Wallace & Gromit, Ren & Stimpy y más tarde Shin Chan y, por supuesto, Los Simpson, Futurama y South Park. Es curioso, porque South Park me parecía estéticamente horrible al principio, difícil de ver, y poco a poco fui entrando. Esto me ha ayudado a entender que si la historia es buena y el diseño aporta, casi cualquier tipo de estética puede llegar a gustar.

Durante mi infancia, al vivir en La Rioja, no había un canal autonómico, como sucedía en otras comunidades, con series tan buenas como Dr Slump. Nos llegaba EITB, la televisión vasca, así que tengo muchos recuerdos de ver Dragon Ball en euskera. Me fascinaba no comprender lo que decían, no sentía que me hiciese falta del todo. Más tarde, cuando nos llegó Dragon Ball en español, sentí que parte de la gracia se había esfumado. Me gustaba no entender ese idioma críptico. Creo que aquí hay algo que toca con ese idioma inventado de los Kokuruga. Me gustan mucho el doblaje y la locución, llevo años haciendo pequeñas piezas sonoras por pura diversión, para amigos, y he hecho algún taller. Kokuruga me da también la oportunidad de explorar este aspecto, puesto que yo mismo hago la voz en off de las historias en ese lenguaje inventado.

¿Cómo han evolucionado tus gustos desde entonces y qué animación te gusta particularmente ahora que eres adulto?

No tengo unos gustos muy concretos ni delimitados, pero me suele tirar más la animación en la que veo algo artesanal y personal, en la que todo lo demás está al servicio de la idea y de la historia y no al revés. No me gusta cuando en la animación se pretenden contar historias demasiado complicadas y pretenciosas. Soy partidario de lo más mínimo y expresivo.

¿En qué medida tu labor como ilustrador y diseñador influye en tu faceta de animador?

Empecé a animar a raíz de trabajar como diseñador web para empresas grandes como Telefónica o Unidad Editorial, sobre todo haciendo banners corporativos horribles con el programa Flash. Luego pasé a hacer microanimaciones en loop para webs. Por pura precariedad de estas empresas, me vi obligado a saber hacer todas las partes del proceso de diseño y animación. Más tarde me puse a aplicar estos conocimientos en mis propias ilustraciones, en casa, de forma autodidacta. Básicamente, en este proceso casero, yo era el responsable de cada fase, así que para mí diseñar, ilustrar y animar forma parte de un todo inseparable. Además de que de esta forma tienes una libertad enorme a la hora de tomar decisiones porque estás solo. Todo esto me iba saliendo de forma intuitiva y poco a poco me iba picando la idea de hacer algo más grande y narrativo.

¿Qué te interesó de dirigir un corto?

Siempre he dibujado y he tratado de hacer cómics, pero nunca me he sentido cómodo del todo. Quería contar historias, pero lo que hacía nunca me llegaba a funcionar. Cuando empecé a sentirme cómodo animando pensé que este podría ser el camino para sacarme esa espinita.

¿Cuál es la génesis de Kokuruga?

Mi pareja, Sabina Urraca, es escritora y guionista, pero siempre había sentido ese encanto de la animación, el poder que te da hacer algo en lo que tú controlas todo el proceso. Un día me pasó tres textos cortos que había escrito, una especie de poemas, y yo elegí uno y lo animé de forma muy rudimentaria. Quería probar cosas nuevas y traté de darle una estética muy personal y que a la vez aportase a la historia y fuese fácil de animar. En dos días tuve lista esta pequeña animación de minuto y medio. Ese fue el primer Kokuruga. Se lo pasé a mi amigo Elías Fraguas, músico, compositor y diseñador de sonido, para que lo sonorizase. A los dos días me pasó la pieza completa y era precioso. Sentí que había conseguido llevarlo a otro nivel. Los tres acabamos muy contentos con el resultado y decidimos que haríamos más Kokurugas siguiendo el mismo proceso y lenguaje.

¿Qué referencias tenías en mente a la hora de desarrollar tan peculiares estética y narrativa?

Me encantan los proyectos personales que, pese a su aparente simpleza, consiguen transmitir y funcionan increíblemente bien como pueden ser las piezas de Dante Zabala, Querido Antonio, Victoria Vincent, Joe Bennett, Rocío Quillahuaman, Néstor F., Alexis Moyano, Matt Layzell… Me da muchísimo gusto ver cómo usan los recursos de forma creativa e inteligente y, sobre todo, me dan ganas de probar cosas nuevas y quitarme prejuicios. Ver lo que hacen es una gasolina deliciosa.

¿Por qué quisiste retomar el concepto en Kokuruga #2?

La primera experiencia fue buenísima. Trabajar los tres en algo conjunto es precioso. Conectamos muy fácil y dejamos que cada uno resuelva su parte porque respetamos y creemos en lo que cada uno hace. Esa libertad no la encuentro en mi día a día en el trabajo. Además hemos sido seleccionados dos años consecutivos en el Weird Market y este año en Animario. También se proyectarán en Los trabajos y las noches, un festival muy curioso de Logroño, que junta a artistas de distintas disciplinas. Esto nos ha impulsado a seguir creando estas piezas.

¿Habrá más entregas de esta serie de cortometrajes?

Sí, de momento hay 4 más en desarrollo muy avanzado y tenemos proyectados 20 en total. Todas son historias independientes contadas por diferentes niños. La idea es que nunca se repita protagonista, pero que los personajes que vayan saliendo se mezclen en otras historias. Finalmente haremos una pieza final en la que aparezcan todos los niños y que funcione como cierre.

¿Qué proyectos tienes entre manos?

De momento solo Kokuruga. Sabina, Elías y yo podemos permitirnos irlos haciendo poco a poco y de vez en cuando presentar alguno a festivales. También nos estamos planteando cerrar bien el proyecto y preparar un dossier o pitching para poder moverlo. Nos da un poco de pereza esta parte de vender el proyecto, porque de alguna forma parece que le resta naturalidad, pero entendemos que así son las cosas y también nos hace gracia explorar qué es lo que pasa en ese mundo más comercial de la industria de la animación.

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