Entrevista a María Lorenzo Hernández

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María Lorenzo Hernández es una de las más personales e interesantes cineastas y animadoras de España, cuya trayectoria como directora ha sido reconocida en los Premios Goya y en algunos de los más prestigiosos festivales, como el Festival de Annecy. Su filmografía es aventurada desde un punto de vista artístico y muy variada, puesto que ha desarrollado multitud de técnicas de animación. Es también profesora de animación en la Universidad Politécnica de Valencia y directora de la revista Con A de animación, un referente de la investigación en español sobre animación.

En este entrevista nos interesamos por su trabajo como directora, por el resto de sus facetas y por sus influencias y puntos de vista. Gracias a sus respuestas, es una lectura muy recomendable tanto para aficionados a la animación como para estudiantes del medio. Además, nos ofreció su lista de 10 películas favoritas que puedes consultar en este enlace.

¿Cuándo, si es que hubo uno o varios momentos concretos que logres recordar, te diste cuenta de que la animación iba a ser parte esencial de tu vida?

Vengo de una familia muy cinéfila, y además siempre se me ha dado bien dibujar. En el colegio, en algún momento pensé que, en vez de Bellas Artes iba a estudiar Comunicación Audiovisual, aunque no es lo que pasó. Por otro lado, empecé a pintar retratos al óleo, del natural, con 14 años, pero no sentía que ese fuera el camino, al menos no el definitivo. En la televisión ya había visto obras maestras de la animación, como El hombre que plantó árboles (Frédéric Back, 1987), que me habían conmovido profundamente, pero creo que no fue hasta 1993 cuando empecé a imaginarme a mí misma animando, después de ver una selección de cortometrajes del festival de Annecy de ese año, emitida por Canal+.

Se puede decir que Canal+ tuvo la culpa de que quisiera hacer animación, por el enorme apoyo y visibilidad que daban a la animación de todas las latitudes. Por aquel entonces también estrenaron Akira y Robot Carnival, dos de mis películas de animación favoritas, y conocí a Hayao Miyazaki a través de su programación… y a Aardman… y a Pablo Llorens

Por alguna movida extraña del destino, no aprobé el examen de acceso a la facultad de Bellas Artes de Madrid (donde quería ir para vivir con mis hermanos), PERO AQUELLO FUE LO MEJOR QUE ME PUDO PASAR EN LA VIDA… entré en Valencia y allí descubrí que tenían implantadas varias asignaturas de animación, así que me matriculé sin dudarlo.

¿Cuándo uno sabe que se ha transformado en animador? Cuando todas las historias que te vienen a la mente quieres contarlas con animación. Durante mis estudios hice varios cortos con otros compañeros, pero cuando realicé mi primer corto en solitario – una animación de un minuto, a partir del poema de Rilke, La pantera, pensé que ya estaba haciendo lo que quería hacer.

Sigamos con tu filmografía como animadora. En el 2004 estrenas Retrato de D., una obra que emplea la inusual técnica de la pintura animada.

Parece una película inusual, quizá por el protagonismo de las pinceladas, porque imita una pintura al óleo, pero en movimiento… pero en realidad la forma de animarla fue muy tradicional, a base de dibujos consecutivos en papel, que luego pintábamos sobre acetato, igual que las animaciones de toda la vida. De hecho, pintamos 2.300 acetatos – en pleno año 2003, cuando nadie lo hacía ya.

Básicamente, es el trabajo al que le debo todo lo bueno que me pasó después. Mi pareja, Enrique Millán, con quien apenas acababa de empezar a salir, se volcó a ayudarme cuando vio la locura en la que me había metido – con el tiempo, ha sido el productor de muchos de mis cortos siguientes –. También le debí mucho a Manuel Hurtado, un querido compañero de carrera y amigo, con quien fue mucho más fácil y agradable llegar a la meta: él no había animado nunca, pero aprendió por el camino, empezando a intercalar los planos más sencillos, y acabando por los difíciles. También ayudó mucho el hecho de que tuviéramos un nivel similar en pintura, ya que habíamos estudiado juntos.

La película era muy compleja, con doblaje en dos idiomas, varios personajes que hablaban, y temas musicales que tuvimos que grabar, con mi hermana Maite Lorenzo al piano, y una buena amiga de la infancia, Verónica Morales, al violín. Retrato de D. tampoco habría sido posible sin la colaboración de todas las personas que se implicaron en el doblaje, por amor al arte, como mis amigos de Torrevieja (mi ciudad natal) Matías Antón, Gabriel Samper, Mariano Galant, y aquí en Valencia, Peter Sully, Mike Nugent, Graham Purvis

El corto tuvo una acogida espectacular en festivales, ganó muchos premios en metálico (algo un tanto raro hoy en día, lamentablemente), de forma que prácticamente recuperé los 6.000 euros (de mis ahorros como becaria) que costó producirla. Sin embargo, tengo que decir que es un corto con el que ahora tengo una relación de amor/odio, por el mucho trabajo que costó, y las limitaciones técnicas de la imagen y el sonido que se dejan notar, y mucho, en el resultado final. Estoy por volver a grabarlo entero en 4K y rehacer todo el sonido… Nooo, es mala idea… Yo soy muy Aureliano Buendía, muy de rehacer y deshacer… creo que no puedes ser animador si no estás un poco tarado.

Pasamos a tu siguiente obra, La flor carnívora (2009), del que también me pareció muy interesante su estética artesanal y cuya narración me ha gustado mucho.

La flor carnívora fue un proyecto que permaneció dormido mucho tiempo. Pasaron bastantes años entre mi corto anterior y este porque tuve que escribir y defender mi tesis doctoral (2006) y también obtuve plaza de profesora en la Universitat Politècnica de València, donde antes había sido becaria en el área de Animación. Fueron años raros donde, a pesar de mi perfil, terminé dando otras asignaturas totalmente distintas, como Dibujo de estatua, pero finalmente volví a la animación en el curso 2006-07, cuando empecé a impartir Fundamentals of Animation, en inglés.

Aquella fue una experiencia muy bonita que me hizo conocer a muchos alumnos de procedencias muy distintas. En aquel primer año (llegué a impartir esa asignatura durante 6 cursos) conocí a un estudiante polaco extraordinario, Mikolaw Kownacki, de Cracovia, que venía con un nivel de dibujo y animación realmente sorprendente. Aunque había venido para un solo cuatrimestre, al final decidió quedarse en España y acabar aquí sus estudios, y fue entonces cuando le propuse que colaborase conmigo en la realización del corto.

Aún así, animar con un estilo de dibujo personal es siempre complicado, y te obliga a hacer muchísimos más dibujos clave que en una producción convencional. La gran animadora Joanna Quinn comenta que ella suele realizar como mínimo uno de cada 4 dibujos de cualquier plano, para que los animadores no se pierdan… Mi experiencia con este corto fue similar.

Después de tener toda la prueba de línea, realicé un montaje completo con el sonido, y recuerdo que se lo enseñé el último día de clase a mis alumnos del curso 2007-08… Me acuerdo de sus caritas de ilusión y sorpresa. En mi vida me habré deprimido muchas veces, pero suelo encontrarme a mí misma sonriendo si pienso en ellos.

Me pasé un verano completo pasando a limpio los cerca de 3.000 dibujos de la película, con un tipo de papel de mucha calidad y material de dibujo definitivo (una mina de lápiz compuesto de carboncillo y lápiz graso). Pero “acabarla” por completo fue más difícil, ya que era un proyecto pensado para CINE, es decir, para tener una copia en 35mm, y aquello costaba, entre el kinescopiado y la edición de sonido para cine, en torno a 1.000 euros el minuto… Que digo yo que si te sobran 8.000 euros (porque el corto duraba 8 minutos) no los vas a gastar en eso, sino que te pones a hacer un corto nuevo… La suerte fue que ese gasto y muchos otros se cubrieron gracias a la subvención de Generalitat Valenciana que obtuve mediante la productora Neuromedia S.L., de José Iborra, quien apoyó la idea del proyecto desde el principio. En resumen, hasta mayo de 2009, que fue cuando se confirmó dicha ayuda, no se terminó la película.

La música y el Foley los grabamos en la casa de mi hermana Maite, lo que fue muy divertido – inventar ruidos en la cocina es algo que te descubre muchas posibilidades. El intérprete de piano fue mi sobrino, Armando Bernabeu Lorenzo. Aquí también tengo que comentar que le debo mucho a María Trénor, que había tenido su debut con su corto Con qué la lavaré en 2003, y que tuvo la generosidad de explicarme cómo hacer una producción profesional. De lo contrario, jamás habría tenido mi primera (y única) película en 35mm, lo que le abrió muchas puertas (fue mi primer corto preseleccionado para los Goya).

En general, para pensar la narrativa de este corto también fue muy importante mi relación con Luis M. Álvarez, que creó en Torrevieja un cineclub, ACVOS, donde pude ver muchísimo cine que no conocía. Viendo este corto, es evidente que me gusta mucho M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang) y Repulsión, de Román Polanski. Me pregunto qué dirá mi hija el día que vea La flor carnívora precisamente – es mi único corto con calificación para mayores de 13 años.

Llegamos a El gato baila con su sombra (2012), proyecto colaborativo que coordinaste y en el que me ha atraído particularmente cómo juega con el cine. ¿Les diste pautas a los participantes? Porque es asombroso que esté tan bien hilado todo, por mucho que hicieras un montaje excelente. Por cierto, ¿realizaste algún fragmento?

La idea provino de una casualidad. Una vez, de noche, en un parque donde había un foco a nivel de suelo, apuntando a una pared, vi a un gatito que jugaba con la luz. Y un señor sudamericano que estaba allí, mirando al gato igual de embelesado, dijo, “con su sombra juega”. Y me quedé con aquella idea.

La película comenzó un poco como un juego que propuse a mis alumnos del máster de Animación de la Academia de Bellas Artes de Palermo (Italia), en septiembre de 2011, donde fui a darles técnicas experimentales (una materia que en realidad iba a impartir mi compañero el profesor Miquel Guillem, aunque para entonces ya estaba enfermo – murió en diciembre de 2011). Me fui allí ya con cierta idea de hacer algo al estilo de los trabajos de clase colectivos que organizaba Miquel con sus alumnos, como Flamencos/as o Kisses, dando una premisa para hacer algo que tuviera cierta relación y que estuviera aunado por la música.

El tema que llevaba en mente era la sombra en el cine, de forma que seleccioné fragmentos de películas donde la sombra jugaba un papel relevante, como Drácula de Bram Stoker, La Mujer Pantera, El tercer hombre, Nosferatu, etc., para que los alumnos realizasen animación con rotoscopia. Para mí era particularmente importante el fragmento que les propuse de Carmen de Triana (¡donde Carmen baila con su sombra!), porque en ese momento lo que más claro tenía de este proyecto era el título: El gato baila con su sombra.

Como resultado del trabajo en Palermo, quedó un montaje provisional bastante atractivo que monté junto con el tema de los Beatles ‘Lucy in the Sky with Diamonds’ (un poco haciendo referencia a la famosa escena de El submarino amarillo, que animó George Dunning también como una serie de rotoscopias). Enseñé este montaje a más gente en Valencia y la colaboración se abrió hasta llegar a 50 personas, marcándoles una fecha tope para la entrega de las escenas. También me puse a trabajar la música con Armando Bernabeu Lorenzo, que se basó en algunos temas interesantes de la música clásica, como la ‘Escalera del infierno’ de Giorgy Ligeti. La música da mucha fuerza al conjunto, no sería igual sin él.

En esta película colaboraron varios de mis compañeros profesores de facultad, como Sara Álvarez, Miguel Vidal, Mª Carmen Poveda, Victoria Cano, y también varios alumnos que estaban entonces en el Máster de Animación, como Juan Pedro Arroyo, Eva Figueroa, Rafa Salom, Silvia Carpizo, Laura Llorens, Raquel Guerrero, Sara Carramiñana, Adriana Navarro, etc. Y más alumnos de la licenciatura, como Adrián Equisoain, Daniel Bartual, Sergio Pilán, Héctor Granero, Rafa Andrés… y amigos como Emilio Martí y Antonio Horno. Fue una gran experiencia que nos dio alegrías a todos, y me gusta mucho poder decir ahora que muchos de ellos están teniendo carreras profesionales espectaculares.

Al hacer el montaje, la única condición que me impuse fue el de dar cabida a todo lo que me habían enviado. Estuve más de un mes con ese montaje, todos los días. No tenía todo el material cuando empecé a editar, de forma que tuve que ir moviéndolo poco a poco en la línea de tiempo, conforme me llegaban los últimos planos. Realicé la edición en el Laboratorio de Recursos Media del Departamento de Dibujo, donde pudo contar con el consejo de Luis Morcillo, nuestro técnico, que prácticamente me enseñó todo lo que necesitaba saber. Acabé el montaje justo a tiempo de presentarlo al Curts de la Comunitat Valenciana, un programa institucional de promoción del cortometraje que dio muy buenos resultados.

Respondiendo a la última pregunta, sí que realicé un fragmento, con una estética de dibujo parecida a la de La flor carnívora: una mujer está en el centro de la escena y una mano gigante la secuestra. Es de la película alemana muda Schatten (Arthur Robinson, 1923), extraña y misteriosa, que me había recomendado mi antiguo profesor de cine, Alejandro Montiel.

Siempre pienso que el éxito de El gato baila con su sombra se debió, en parte, a que en tiempos de crisis y de poco presupuesto (y 2012 lo fue, muchísimo), las propuestas colectivas ganan presencia, y esta situación puede repetirse ahora.

En el 2015 estuvo listo La nit de l’oceà, que creo que es tu obra maestra. Es una maravilla. Cómo me gusta esa mezcla de estéticas y técnicas para contar una historia. No me extraña que lo nominaran en los Premios Goya.

Muchas gracias, Ray. Aprendí mucho haciendo ese corto, y desde luego es una parte importante de mi vida. En realidad tenía pensado hacerlo desde 2002, cuando Retrato de D. aún no era más que un storyboard… Me había comprado un libro con una llamativa portada de H.R. Giger, “La noche del océano y otros relatos inéditos de H.P. Lovecraft”, y el relato me llegó muy adentro. Su final, con el protagonista diciendo que un día no habrá más sonido en la tierra que el chocar del mar contra la orilla (y que hoy conecta con nuestra preocupación, totalmente fundada, sobre el calentamiento global y la contaminación), me recordaron a un momento de verdadero pánico que viví de pequeña, mientras veía la serie Cosmos de Carl Sagan y explicaban cómo sería el fin de la Tierra cuando la estrella Sol comenzara a convertirse en un gigante rojo, que absorbiera los planetas de su sistema. Era como saber que la muerte estaba ahí, aunque tu día a día sea tranquilo y apacible. Volviendo al relato, como su protagonista es un pintor -un tanto paranoico-, lo imaginé un poco como una aventura alternativa del pintor que también protagoniza Retrato de D..

En realidad, el cuento La noche del océano no es un relato inédito de Lovecraft, sino de uno de sus amigos y acólitos más jóvenes, Robert Barlow, cuya historia personal es fascinante. Escribió este relato, magistral, con tan solo 18 años. Más adelante cambió la literatura por la antropología, y se convirtió en un profesor muy relevante de Antropología en México. Lamentablemente, empezó a recibir chantajes de uno de sus alumnos, que amenazaba con revelar públicamente su homosexualidad. Se sospecha que se suicidó con barbitúricos, a la edad de 32 años.

Para profundizar, mi hermana mayor, Encarna Lorenzo, y yo, realizamos una publicación sobre Barlow, en dos partes, para su blog de Antropología. Paso por aquí la primera parte.

Para mí es importante señalar una cosa: desde que me propuse animar esta película hasta que realmente me pude sentar a animar, pasaron dos años, como aquel que dice. De alguna forma, la producción comenzó en 2011, una tarde que me fui en coche con mi amiga Elena Vidal a grabar escenas en las calas de Torrevieja, durante una Semana Santa que hizo un tiempo francamente borrascoso. Recuerdo que me metí con la cámara en medio del mar andando sobre un espigón, donde acabé calada de agua. Esa tarde grabé diferentes escenas, sin mucha orientación: mis pies caminando sobre la arena, el oleaje, el agua rompiendo contra las calas, etc. Incluso capté una escena que me resultó muy melancólica: un hombre mayor, andando sobre dos bastones, que se acercaba al mar y se paraba frente a la orilla, como si el mar fuera su padre y él ya no pudiese volver con él. Esta escena la incluí, animada, en la película, y con el tiempo conocí a su protagonista, Manuel Pamies, un vecino de Torrevieja que escribía columnas para un periódico de Alicante. De alguna forma, partir de esas referencias de vídeo, y entresacando frases del relato (que era bastante extenso), fui armando poco a poco un premontaje con el que finalmente “encontré” la película.

La nit de l’oceà fue el primer corto que me produjo Enrique Millán, mi marido, y para mí también fue un proceso muy personal, por cuanto me lancé a animarlo en 2013, cuando estaba embarazada de mi primera hija, María. Para realizarlo cambié totalmente mi sistema de trabajo anterior, haciéndolo menos estructurado en fases y volviéndome mucho más autónoma, sin delegar intercalación a nadie, animando directamente sobre el papel definitivo y con muchos cambios de lenguaje plástico, como su fuera el diario del propio pintor que contara la historia, desde su punto de vista subjetivo.

Para las animaciones de efectos, como los paisajes animados, el agua, etc., conté con mi antiguo alumno y amigo Sergio Pilán; y para la animación de los títulos de crédito, que cambian de un idioma a otro como un texto que se refleja sobre el agua, conté con Rafa Andrés. Y una vez más, la banda sonora la compuso mi sobrino Armando Bernabeu Lorenzo, que hoy ya es un compositor y director de orquesta sobresaliente.

Dos años después estrenas Impromptu, corto con el que me acabas de seducir, porque es una preciosidad. Y como además me encanta la animación a mano, en la que se nota el trazo, y que sea estéticamente variada, pues ya te imaginas que lo he disfrutado mucho. En fin, que te quedó una maravilla. Por cierto, ¿has estudiado música?

Empezando por la última pregunta, en mi casa había un piano y yo me aburría mucho. Así que empecé a tocar de oído. No, no es broma. Sí que estudié algo de música, muy poco (lo justo para decidir que no era lo mío), pero sí me gusta mucho la música y en mi casa siempre se ha escuchado clásico.

Impromptu es la consecuencia de estar criando a una niña en casa. Se puede decir que la animé casi exclusivamente en sábado y domingo por las mañanas, de 8 a 11, que era cuando mi hija dormía y me dejaba trabajar de seguido… De alguna forma, cuando tienes limitaciones buscas otro tipo de soluciones que de normal no pensarías, y este trabajo empezó poco a poco, primero como un experimento visual (la primera parte que monté fue la de las caras), y después abordé la parte de los bailes, hasta que la película fue una colección de cinco pequeños cortos, cada uno condicionado por una idea distinta – y con el origen del cine como idea principal.

Creo que hubo dos factores importantes que me llevaron al tema y a la estética de Impromptu: por un lado, me pasé un año yendo a cursos de Mindfullness, que es esta cosa de la meditación para entrenar la atención plena. Un fracaso en mi caso. Cada vez que cerraba los ojos no podía dejar de darle vueltas a la música de Chopin, y en mi imaginación veía todo el rato formas que se animaban al ritmo de la música. Me di de baja antes de acabar el curso.

El otro factor importante fue el hecho de estar impartiendo Historia de la Animación en la facultad, lo que me llevó a profundizar en una fase fascinante: el pre-cine. Hay que entender que el invento del cine no se debe solo a los Lumiére, sino que fue una verdadera carrera donde muchos otros hicieron aportaciones extraordinarias, llegando a proponer inventos equivalentes… que no triunfaron. Me resultó especialmente intrigante la historia de Louis Le Prince, virtualmente el “inventor del cine”, ya que en 1890 fue capaz de grabar varias fotografías seguidas en movimiento, sobre placas de vidrio, usando una sola cámara. No eran más de 17 fotos seguidas, pero estuvo a punto de hacer la presentación pública de su invento en Estados Unidos… hasta que desapareció en un tren, él y su equipaje. Es uno de los grandes misterios de la Historia del Cine, y se especula con que pudo ser víctima de un sicario de Edison, aunque no existen pruebas. Para que mis alumnos entendieran mejor toda esta genealogía del cine, con tantos protagonistas, elaboré este minidocumental.

Es evidente que todas estas escenas “de antes del cine”, grabadas antes de 1895, son muy inspiradoras. A fin de cuentas, el cine es fotografía animada, y quien diga que la animación es un género del cine, SE EQUIVOCA. Más bien el cine es un género de la animación, o lo que podemos llamar, “lo animático”, que existe desde mucho más tiempo.

Para producir Impromptu fue sumamente importante la participación de un pequeño equipo de animadores, una start-up con base en nuestra facultad, y que estaba compuesta por Marta Gil, Julia Cruz, Vicente Puig, Desi Díaz y Amparo Sánchez. Ellos me solucionaron muchos problemas técnicos, crearon los Fenaquistiscopios que se ven al comienzo, completaron muchas animaciones, etc. Fue un placer trabajar con ellos. También se ocuparon de grabar dos making off de la película. Para uno de ellos aproveché la realización de un plano con el que hacía una pequeña demostración a unos alumnos.

Si Impromptu partía de una experiencia docente, también terminó generando materiales docentes. En este segundo Making explicábamos qué son los fenaquistiscopios y cómo los diseñamos.

El otro “hallazgo” extraordinario dentro del equipo de Impromptu fue el pianista húngaro, con base en Alfaz del Pi, Isaac István Székely. Un artista increíble, con el que grabamos todos los temas musicales durante una mañana, gracias al Conservatorio de Torrente. Aunque una parte muy importante del montaje ya estaba hecha provisionalmente sobre grabaciones de estudio, contar con una grabación original propia fue muy importante para dar viabilidad al proyecto, ya que los contratos de cesión de derechos de las discográficas suelen limitar bastante el número de pases de la película, así como su uso según en qué plataformas (no es lo mismo pagar para que se vea tu película en cines, que para que se vea en internet, o para usar la música en el tráiler).

Tu último trabajo es Esfinge urbana (2020), singular e hipnótico cortometraje experimental que convierte Valencia en una sucesión de fotogramas animados. Me encantará que vuelvas a tus animaciones con dibujo a mano, pero me ha parecido un giro muy curioso en tu filmografía.

Esfinge urbana ha sido un corto-oportunidad: algo que haces porque lo tienes todo a su favor. Tratar de planificar algo criando hijos suele dejar poco espacio a la planificación con antelación. Por otra parte, mi hija me ha ayudado mucho en esta tarea, tenía mucho ojo para encontrar los grafitis por la calle. Encima, a mitad de esto me quedé embarazada de mi segundo hijo, Miguel Ángel, así que el proyecto tenía «fecha de entrega». Miguel Ángel nació en diciembre, de forma que el corto lo dejé acabado poquito antes.

Poca gente puede decir que ha podido hacer un corto “paseando”. Yo aprovechaba todos los momentos que tenía para ir a distintos barrios, especialmente El Carmen y Ruzafa, y tomar fotos de todas las pequeñas piezas de Street art que iban apareciendo. De esta manera he podido conocer a muchos artistas (aunque no a ellos personalmente, no a todos), y comprender que el arte urbano le da una gran personalidad a Valencia. Ahora me entristece cuando voy a otra ciudad y no veo grafitis.

Creo que es la primera vez que hago un corto a partir de una recopilación tan masiva de imágenes (que además no son mías). Está en la línea de las animaciones de Paul Bush (While Darwin Sleeps, The Five Minutes Museum), y también del corto The Da Vinci Time Code de mi amigo Gil Alkabetz, que te enseña que puedes hacer una animación a partir de lo que sea – en este caso, un solo cuadro, La última cena – porque lo que importa al animar es encontrar ritmos, coincidencias, pensar en extraer el movimiento de donde está latente. Como decía Norman McLaren, la animación “no es el arte de los dibujos que se mueven, sino de los movimientos que son dibujados” (aquí, en inglés, “movements that are drawn” tiene doble sentido, ya que “to draw” también significa “extraer”).

También fue muy importante en este corto el encuentro fortuito con el músico Gabriel De Paco, que toca un instrumento de percusión muy sugerente, el Hand-Pan. Terminé utilizando uno de sus temas musicales, ‘Maktub’, para ir dando forma a lo que iba encontrando. Organizar el material gráfico en pequeñas animaciones fue muy complejo, ya que admitía mucha combinatoria, y no toda era eficiente. Al final seleccioné los mejores gifs de fotos (el trabajo de ajuste posterior fue muy considerable), y, como decía, la música ayudó a encontrar un ritmo y una estructura para el conjunto. Lo dicho, puedes tener una película sin argumento, pero no sin estructura.

Al final, el hacer fotos en la calle se me ha quedado como una costumbre. Y es que he tenido el hábito mucho tiempo, es la inercia… Supongo que no puedes parar un transatlántico en un solo minuto.

¿Qué artistas te han influido especialmente a la hora de animar?

Aparte de los que ya he mencionado (Frédéric Back, Paul Bush, Gil Alkabetz), para mí son particularmente importantes tres: el suizo Georges Schwizgebel, el alemán Raimund Krumme, y el estonio Priit Pärn. Schwizgebel utiliza la pintura animada –un poco al estilo de Retrato de D., pero más simplificado, con más protagonismo de las pinceladas-, y es tremendamente musical, todos sus cortos se organizan a partir de un tema musical y son como mecanismos en movimiento, como viajes a través de la memoria, del espacio, es increíble porque parece algo muy mental pero al final te produce sentimientos, te emociona. Y también es muy cinéfilo y hace muchos homenajes al mundo de la pintura. Quizá mi corto favorito de él es La course a l’abime, pero también me gusta mucho Le ravissement de Frank N. Stein… y Le sujet de tableau.

Raimund Krumme es el maestro de los trucos visuales. Te demuestra que con un lápiz y un papel puedes sugerirlo todo. Raimund te enseña que cuanto más sencilla es una imagen, más diversión te proporciona, más cosas puede significar, más cambios puede experimentar, con economía de recursos. Tiene muchos cortos pero voy a destacar dos, que pueden verse en internet: Seiltänzer y Die Kreuzung. Y no son meros ejercicios de estilo, tienen un mensaje muy profundo.

Por último pero no menos importante, Priit Pärn. Es un animador con una larguísima trayectoria, y muy prolífico, pero quizá su trabajo más conocido es Breakfast on the Grass (1989), un corto muy crítico con la situación de la URSS hacia el final de su época, denunciando problemas como el desabastecimiento, la pérdida de identidad, la uniformidad, la monstruosa burocracia, etc. Es muy expresionista. La estética recuerda a George Grosz. Pero lo más interesante es que su crítica, ya que como se produjo bajo el régimen comunista, usa mucho simbolismo y metáfora (para evitar la censura), un lenguaje visual muy potente, y tiene muchos momentos que dan “cringe”, que estremecen. Priit Pärn vino a Valencia a darnos un curso en el año 2000, y enseñaba narración para que aprendieras a contar con imágenes, para que ayudaras al espectador a que dedujera lo que está sucediendo según las situaciones o el orden de los acontecimientos – porque además usa con mucha frecuencia la narración discontinua y los puntos de vista múltiples, de forma que el relato es un puzle. Son cosas que luego ves en el cine de Julio Medem, de David, Lynch, etc., pero que este artista lleva desarrollando toda la vida, y es fascinante.

¿Hay alguna animadora que fuese para ti un referente cuando te iniciabas en el medio?

Para mí la influencia más importante (puede que más importante que los arriba mencionados) ha sido Isabel Herguera, la mejor animadora española que hay, a la que tuve la suerte de conocer cuando yo empezaba en esto, y que me llevó a su casa de San Sebastián para trabajar en su corto La gallina ciega. Aprendí mucho de ella, de sus rutinas, de cómo se planificaba, de cómo se tomaba las cosas. Y es una amiga increíble, además de gran artista. Sus cortos Amore d’inverno y Ámar son bellísimos, muy inspiradores, y te enseñan que una artista siempre tiene nuevos recursos e inventa cosas que no te esperas. Que vale todo. Que puedes cambiar de lenguaje en medio de un mismo corto. Que te tienes que dejar llevar por tus instintos, que tienes que dejar espacio a la improvisación. Que tienes que escuchar a tu proyecto, a lo que tú quieres hacer, y que tienes que seguir adelante. “El show debe continuar”, me decía, para que no mirase al pasado y siguiera haciendo cosas.

¿En qué medida ser mujer ha sido determinante en tu trayectoria profesional?

Ha sido determinante por un solo aspecto: el de ser madre. Cuando estás criando a los hijos, tu tiempo no te pertenece al 100%. Teniendo en cuenta que mi actividad como realizadora ya es lo que hago “en mi tiempo libre” (porque mi actividad principal es enseñar), con la vida familiar te queda mucho menos para ti. Más bien te conformas con migajas, con lo que queda del día, incluso con robarle horas al sueño, y así es difícil centrarse, pero, como decía, aprendes otras estrategias. Una cosa buena de los parones forzados (lo notaba sobre todo cuando tenía que dar de mamar), es que en esos momentos aparentemente no haces nada, pero dejas la máquina de la cabeza funcionando, y encuentras soluciones que no te esperabas, mucho más funcionales. A veces, trabajar de seguido 8 horas no es rentable, no al menos si te enfrentas a problemas creativos. Solo es válido si quieres acabar cosas mecánicas, o que no puedes resolver tú solo, así que aprendes mejor a seleccionar qué tareas debes delegar en otros.

Pasamos ahora a tu faceta como docente de animación en la Universidad Politécnica de Valencia. ¿Crees que enseñar animación, por ejemplo historia de la animación, influye en tu filmografía como directora y animadora?

Yo personalmente no entendería que algunas partes de tu vida no influenciaran a otras. Como he dicho antes, enseñar Historia de la Animación está en el origen de Impromptu. Otras veces es al revés, lo que hago influye en lo que enseño, como cuando he decidido ponerme las pilas con tal o cual proyecto para tener qué enseñar en mis propias clases, en plan, “venga, voy a darle marcha al story o al concept, y así los puedo compartir con los alumnos del Máster”. También aprovecho lo que voy aprendiendo en cada proyecto para hacer pequeños materiales docentes, que cuelgo en internet.

Pero más importante que eso es la experiencia misma de trabajar con gente joven todos los días. Siempre que voy a clase sé que voy a aprender algo. No que yo lo vaya a enseñar, sino que al final los alumnos me enseñarán algo que ellos saben, que a ellos les gusta, y finalmente incorporas eso a tu forma de hacer, a lo que conoces. Me siento muy afortunada por ello, y si te digo la verdad, por el contrario, a veces hasta me cuesta mantener una conversación con gente de mi edad…

Aprovecho para difundir por aquí mi canal de Vimeo, Animation Gossip, donde he colgado vídeos sobre Historia de la Animación, para que esta labor de enseñar no se quede solo en clase y llegue al mayor número posible de interesados.

¿Por qué aconsejas estudiar el Máster de animación de la UPV a los interesados por dedicarse a la animación?

Pues, dejando aparte lo de hacer proselitismo de lo tuyo, el Máster de Animación de la UPV tiene varias ventajas: primero, la mayoría de profesores son profesionales en activo, que vienen a enseñarte lo que mejor saben hacer. Segundo, es un plan de estudios muy versátil y adaptable, con dos años de duración: el primero se dedica a dirección de animación (donde conoces todo lo importante que debes saber a la hora de montar un proyecto), y en el segundo puedes elegir especializarte en animación 2D o 3D – aunque también puedes estudiar solo el primer año, o solo el segundo, como un Título de especialista. Tercero, te brinda la oportunidad de realizar en grupo un cortometraje sobre el que tendrás control creativo, y a este respecto debo decir que los trabajos de nuestros alumnos han alcanzado un impacto muy significativo en festivales e incluso una nominación a los Goya. Cuarto, por si fuera poco: ¡es muy económico! Y vivir en Valencia es más barato que en Barcelona o en Madrid. ¿A qué esperas?

Eres también directora de la revista ‘Con A de animación’. ¿Por qué quisiste crear la publicación? ¿Qué objetivos ha cumplido ya y cuáles faltan, de haber alguno?

Desde 2007 formo parte de la Society for Animation Studies, una asociación internacional, vinculada a ASIFA, que organiza congresos anuales. Empecé a asistir y a presentar ponencias, y finalmente publiqué en varias revistas de investigación especializadas en animación, como Animation Studies, Animation Journal, Animation: An Interdisciplinary Journal, etc.

Y todas estaban en inglés.

Y no había ninguna para que se animaran a publicar los que escriben en lengua castellana.

Y así surgió la idea: crear una publicación de calidad para dar cabida a investigadores de todo el mundo, que escribieran en castellano. Junto con el Máster de Animación, y el Festival Prime the Animation!, Con A de animación es uno de los principales proyectos del Grupo Animación UPV, y ya llevamos 10 años en marcha, pasando este año a convertirla en una publicación semestral en vez de anual. Recibimos propuestas de artículos de todo el mundo, de personas que no solo proceden de las Bellas Artes sino también de Filología, Periodismo y Comunicación, etc., que ven la animación como un campo de estudio muy atractivo, y que pueden hacer contribuciones muy valiosas a la teoría, historia y análisis del medio, para que crezca y deje de ser el hermano pequeño (cuando no menospreciado) de la Teoría del cine.

La revista ha conseguido numerosas indexaciones de calidad, y lo que esperamos es mantener el nivel y la periodicidad regular, para que siga siendo un escaparate de lo que se estudia e investiga en animación a nivel académico.

Para terminar, tengo una curiosidad. Tienes una hija e imagino que, como al resto de niños, le gustará la animación. ¿Le pones tú animación? ¿Te preocupas especialmente porque vea un tipo de animación o, al menos, no vea ciertas producciones? ¿Qué propuestas animadas aptas para público infantil te parecen especialmente recomendables?

¡Gran pregunta! ¿Y si te dijera que por lo general yo me quedo igual de embobada o más que mi hija, viendo Disney Channel o Cartoon Network? En ese sentido tenemos cierta bulimia, vemos de todo, y realmente estoy esperando el momento en que sea más mayor y pueda ponerle otro tipo de piezas. Con ella estoy revisitando todos los clásicos televisivos de mi infancia, como Ulises 31, Tom Sawyer, Heidi, etc. Es como muy disciplinada, se pone todos los días un capítulo en el desayuno, y luego sigue su marcha. Además, son series que estimulan la lectura y la curiosidad por los clásicos.

Pero es más importante que los niños jueguen y desarrollen su imaginación. Que dibujen. Que las animaciones que vean les sirvan para alimentar sus juegos, su imaginación. Cuando juega, mi hija está diciendo todos los diálogos de sus personajes, de forma que se está montando “sus propias películas”. Me encanta la personita en que se está convirtiendo. Le encanta cualquier tipo de animación, cuanto más sorprendente, mejor (Alice de Jan Švankmajer es de sus favoritas), y también es fan absoluta de los extras de los DVD, siempre quiere ver los cortos y los Making of. Qué disgusto se llevó el día que descubrió que los VHS no llevaban extras…

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