Entrevista a Santiago López Jover

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Santiago López Jover es uno de los directores de Chico mocoso (2021), una muy interesante película de animación para adultos que se estrena en España el viernes 21 de enero del 2022. La cinta, inspirada en la vida de Manfred Deix, propone una estética del todo inusual, participó en la Sección oficial del Festival de Annecy 2021 y es una recomendación segura para quienes valoren propuestas más allá de la animación 3D comercial.

En esta entrevista nos habla de su formación, de la realización de Chico mocoso y de su nuevo proyecto.

¿Qué animación te gustaba especialmente cuando eras pequeño?

Mi padre es un gran cinéfilo y ponía en casa clásicos de cine que contenían efectos visuales realizados en stop motion como King Kong, El Maravilloso Mundo de los Hermanos Grimm, Jason y los Argonautas, Furia de Titanes, etc… todas aquellas películas me maravillaban. También los clásicos de Disney.

Por otro lado, como niño de los 80 crecí en una época en la que las televisiones locales comenzaban a ofertar una gran variedad de series de animación y, afortunadamente, he podido disfrutar de una gran variedad de estilos y géneros. Yo pertenezco a la generación que intercambiaba fotocopias de Dragon Ball y el Dr. Slump, que eran mis series favoritas, pero también me encantaban Heidi y Marco, Ranma ½, La serie de Batman, Patoaventuras, etc…

Estudiaste Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia. ¿Qué asignaturas de animación tuviste? ¿Qué recuerdas de esa etapa académica?

Sí, la verdad es que tuve la grandísima suerte de descubrir por casualidad que existía una especialidad de animación en esta Universidad: estando en el segundo año, un amigo eligió la asignatura “Principios de la animación” como asignatura optativa y para mí fue todo un hallazgo, ya que esta asignatura aunaba mis dos grandes pasiones que eran el cine y el dibujo. Al año siguiente me apunté como oyente porque las plazas estaban llenas, y estuve asistiendo así hasta que finalmente se me concedió una plaza: lo viví con muchísima alegría porque sentí que verdaderamente había encontrado mi vocación.

A partir de ahí pude completar los tres años que había de la especialidad de animación, y realizar un corto stopmotion como proyecto final de carrera, junto a un grupo de compañeros. Paralelamente tenía otras asignaturas sobre narración figurativa y efectos especiales que me ayudaban a tener una formación más completa.

Esos tres años fueron los mejores de toda la carrera y una experiencia maravillosa que no olvidaré nunca. Esta especialidad de la carrera tiene la ventaja de estar enmarcada en el contexto de una Universidad de Bellas Artes, por lo que recibes una formación artística muy amplia y completa en todos los sentidos, que no se limita a la animación tradicional de Disney: hacíamos animación experimental, tradicional, con recortables, con arena, stopmotion… Ha sido ahí donde he podido conocer y aprender de grandes autores independientes como Joanna Quinn, Barry Purves, Regina Pessoa, etc.  Además tenía como profesora a una gran directora de cortometrajes de animación, que es María Lorenzo.

Todo este conocimiento es impagable y ha sido de gran ayuda a lo largo de mi carrera. Les estaré eternamente agradecido a los profesores que tuve por todo esto (Gracias Miquel, Sara, María y Susana).

Estuviste trabajando en el que posiblemente sea el más apreciado estudio de animación europeo, Cartoon Saloon. ¿Qué te ha aportado esa experiencia y qué viste de especial en ese estudio para que haya logrado tanto reconocimiento?

Sí, llegué a Cartoon Saloon a mediados del 2009 y es el estudio donde más he aprendido y más he disfrutado mi profesión. Es un sitio que se esfuerza por valorar y potenciar tres cualidades que para mí son esenciales: estilo visual propio, historias que sean auténticas y gran creatividad narrativa. Esa combinación les permite realizar proyectos que tienen una identidad muy marcada y que son de gran calidad, y lo hacen a base talento y trabajo duro. Por otro lado, y a pesar de haber crecido tanto en los últimos años, es un estudio que cuida mucho a los artistas, en cierta manera muy familiar y acogedor. Es fácil sentirse como en casa porque hay mucha cercanía en la forma de trabajar y relacionarse. El primer día que llegué allí no había ningún español en el estudio y yo no hablaba una palabra de inglés: después del trabajo, el supervisor de animación y los directores me llevaron a tomar unas cervezas en un pub y nos comunicamos con señas y palabras sueltas durante toda la tarde. Me pareció un gesto de gran empatía y paciencia.

Trabajar allí me ha permitido aprender de primera mano con gente a la que admiro profundamente y ha influenciado muchísimo en mi propia forma de entender esta profesión. Actualmente trabajo con ellos de forma eventual desde Viena y estoy contentísimo.

¿Cómo acabas implicado en el proyecto de Chico mocoso en un estudio de Viena?

Cuando llegué a Viena hace diez años, me puse a buscar en internet ofertas de trabajo de animación y el primer titular que me apareció en Google fue “Austria: el país sin animación”. Esto da una idea muy clara de cual es la situación de esta profesión aquí: no hay tradición de animación ni es una actividad reconocida, apenas hay un par de estudios que sobreviven como pueden y en general es un círculo muy pequeño en el que nos conocemos todos.

En ese contexto, el proyecto empezó a tomar forma hace unos diez años, a raíz de varias conversaciones entre el oscarizado productor de cine Josef Aiccholzer y Manfred Deix, que es el artista en quien se inspira la película. Al cabo de un tiempo, cuando empezó a planearse la producción, mi nombre surgió por ahí gracias a mi experiencia.

¿Desde el inicio estaba previsto que fueras director? ¿Qué tal ha sido el debut en ese rol?

No, en un principio el director era únicamente Marcus H. Rosenmüller (Rosi), que es un director de cine de imagen real muy reconocido en Alemania y Austria. Tiene mucho talento y me siento muy afortunado de haber podido trabajar con él.

Yo fui contratado para dirigir la animación, pero cuando empecé no había todavía storyboards ni animatic, tan solo un puñado de tests en 3D. Rosi no tenía experiencia en la realización de películas de animación y estaba peleándose con el storyboard, ya que en animación es radicalmente diferente al de imagen real. Los productores me ofrecieron hacerlo a mí y les gustó la forma que tenía de abordar la narrativa, así que me propusieron empezar a dirigir la película.

Rosi estuvo muy involucrado en el guion y en la etapa inicial del proyecto. Hizo un trabajo increíble al dirigir las voces y ayudó a buscar las locaciones y el vestuario que luego se convirtieron en modelos 3D. Yo me encargué materializar todo eso en una película de animación, dese la fase de storyboard al acabado final.

Para mí ha sido un aprendizaje de principio a fin, puesto que es la primera vez que dirigía un proyecto tan grande, y por otro lado una oportunidad de poner en práctica todo lo aprendido y darle un enfoque propio. Y también ha sido una suerte enorme trabajar con un equipo tan entregado y talentoso.

¿Cuál fue el mayor reto de adaptar el estilo de Manfred Deix? ¿Desde el principio estaba claro que sería una película en 3D?

Cuando me uní al proyecto, ya se había decidido que la película se haría con personajes en 3D. Lo primero que pensé al ver las ilustraciones de Deix fue que este proyecto sería más adecuado en 2D, pero cuando vi los primeros tests entendí que era posible trasladar al 3D esa carnosidad y plasticidad que vemos en sus caricaturas. Ese era quizás el mayor reto a nivel artístico. Por otro lado estudiamos también diferentes soluciones gráficas para trasladar la textura de las acuarelas, los colores insaturados y la luz tan peculiar propia de sus obras. Creo que si comparas imágenes de la película con sus ilustraciones es fácil detectar todas estas intenciones artísticas.

Creo que el mayor reto era contar con un presupuesto tan limitado. Cuando yo empecé quedaban 2,5 millones de presupuesto, y con ese dinero es muy difícil sacar adelante un  largometraje en 3D: por supuesto, está a años luz de cualquier producción grande, pero también lo está del estándar europeo para películas de animación de corte independiente, especialmente considerando que es en 3D. En ese sentido tuvimos que buscarnos la vida para solucionar cada mínimo detalle de forma económica, pero eficiente. Por ejemplo, no podíamos permitirnos simulaciones 3D de líquidos, pelo o ropa: buscamos alternativas, como preparar rigs para la cerveza o la ropa, que luego animábamos a mano. El pelo es prácticamente estático en todas las escenas por este motivo. No podíamos hacer cosas extraordinarias en términos visuales, pero hicimos lo que pudimos dentro de nuestras limitaciones, y creo que el resultado es justo y respetuoso.

¿Toda la animación se realizó en un mismo lugar? ¿Cuántos animadores participaron?

El estudio estaba dividido en dos sedes: una sede estaba en Salzburgo, donde se ha trabajado la parte de diseño y composición. Allí eran unos 7 u 8 artistas.

La otra sede estaba en Viena, que es donde se hizo el animatic/storyboard, el layout y la animación. En total éramos un equipo de doce animadores con mucho talento y ganas de trabajar.

¿Qué ha supuesto estar en la Sección oficial del Festival de Annecy 2021 con tu debut como director?

Ha sido una sorpresa porque se trata de una película muy pequeña y modesta. La mayor satisfacción sin duda ha sido el reconocimiento a todo el equipo después de realizar nuestra primera película. Sinceramente, espero que esto sirva para abrir la puerta a nuevos proyectos en Austria y que las instituciones de aquí valoren el potencial y el talento autóctono para que podamos seguir haciendo más cosas.

De los proyectos anteriores a Chico mocoso, ¿hay alguno que recuerdes con especial cariño o que fuese especialmente valioso para ti?

Hay un corto que hicimos en Hampa Studio en el que aprendimos mucho y nos sirvió de plataforma para la gran mayoría de artistas que trabajamos en él, Margarita. Mirándolo ahora con perspectiva después de tantos años, lo veo lleno de fallos y problemas, pero en aquel momento creo que nos ayudó a entender mejor qué significa enfrentarse a un proyecto de animación tradicional y nos dio mucha experiencia a todos. Margarita estuvo nominado a los Goya y es el proyecto que me abrió las puertas para trabajar en Cartoon Saloon.

¿Puedes adelantarnos algo de Hikari

Hikari es un proyecto muy personal que surge después de un viaje a Japón en el que me cuentan la historia real de los últimos mártires cristianos japoneses, a finales del siglo XIX. Lo definiría como una versión animada de la excepcional película francesa De Dioses y Hombres, y también como una especie de secuela de la película de Scorsese Silencio, algo así como lo que sucedió 250 años después. Pude presentar el concepto del proyecto en el Cartoonmovie del 2020 y funcionó muy bien. Gracias a esa presentación hemos conseguido algo de presupuesto en Irlanda con la productora Destillery Films, y en estos momentos estamos escribiendo el guion entre el guionista Christian O´Reilly, la editora Sarah Golding y yo mismo.

La productora Sygnatia está también interesada en el proyecto y el plan es empezar a buscar coproductores en otros países una vez completemos el primer borrador de guion.

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1 Comentario

  1. Muchas felicidades por tu película, y gracias por tus buenos recuerdos de tus años estudiando animación en la Facultad de Bellas Artes de Valencia. Recuerdo la admiración que ya entonces me causaba tu trabajo. ¡¡Un abrazo!!

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