Mi primer recuerdo relacionado con la animación

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Cuando entrevisté a Adrián Encinas Salamanca -puedes ver sus interesantísimas respuestas en este enlace-, la primera pregunta que le hice fue la siguiente: ¿cuál es tu primer recuerdo relacionado con la animación? Me hizo tanta gracia su respuesta que pensé en publicar un artículo enteramente dedicado a los primeros recuerdos de profesionales, estudiosos y divulgadores de la animación.

Ese artículo es el que tienes delante de tus ojos y, tras la de quien lo inspiró, tienes las respuestas de más de una veintena de amantes del medio.

Adrián Encinas Salamanca: el primer recuerdo nítido que tengo relacionado con el cine de animación fue de cuando acudí por primera vez al cine con mis padres para ver La sirenita (1989). Tenía yo cuatro años, dado que la película no se estrenó en nuestro país hasta diciembre de 1990, y quedé petrificado en la butaca. Recuerdo que a la proyección también vinieron unos vecinos y, cuando volvíamos a casa –andando, pues por entonces todavía había cines de barrio- su padre se puso a cantar Bajo el mar, de una forma un tanto vergonzante según me recuerdan mis progenitores.

Desde luego que ese no fue mi primer contacto con la animación, pues mis padres se preocuparon mucho de que en casa no faltasen vídeos domésticos con cortometrajes de Mickey y Looney Tunes, o con largometrajes de los estudios Disney, de Don Bluth

Pablo Llorens: Creo que esta intro. Fue lo primero que vi cuando mis padres compraron la primera tele. Y esta serie, Professor Balthazar, es el primer personaje identificable. Influyó bastante en la genesis de Doc Franky.

Marcos Gil (director de Estantería Otaku): intentar buscar ese recuerdo, en el baúl de la memoria, es una tarea bastante difícil y ambigua. En retrospectiva, podría decir que, en concreto, el anime ha convivido conmigo desde que tengo uso de razón con Pokémon y Digimon a la cabeza. Siempre me ha maravillado esa forma de presentar un universo alternativo similar al nuestro, pero con criaturas y tecnologías diferentes y protagonizados por personajes que me hacían sentir reflejado en la pantalla.

Aunque también he apreciado y crecido con obras mucho más densas, maduras, que, pese a no comprender en aquella época por cuestiones de formación y edad, me dejaban asombrado por su ejecución visual, y en ocasiones incluso aterradora, como podían ser Neon Génesis Evangelion o Arc The Lad.

A las que se suman Ojos de Gato o Lum, la chica invasora, entre otras, que eran series con argumentos muy dispares pero cuyo estilo, y sin tener constancia en aquellos tiempos de ello, suponía un auténtico imán para mí.  En especial en un momento en el que la televisión pública andaluza, con la que muchos hemos crecido, apostaba por una gran variedad de géneros y temáticas dentro de la animación japonesa. Al igual que otras cadenas a nivel nacional.

Una ventana, la televisión, que afloraba la fantasía, la narración, que rompía con los cánones habituales de una animación americana o europea, que explotaba ante mis ojos acercando, muchas veces, una cultura que me hacía querer conocer y descubrir.

Doraemon, One Piece, Shaman King, La Ley de Ueki, Ufo Baby, Cardcaptor Sakura, Detective Conan, Reena y Gaudi, La Familia Crece o, incluso, la icónica y omnipresente Dragon Ball han acabado siendo visualizadas durante mi más tierna infancia. Resultando en un imposible poder indicar un primer recuerdo. Lo que sí tengo claro es que mi pasado y mi presente se ven entrelazados con el anime. Y, seguramente, mi futuro también.

Irene Chica: Desde los 6 años conservo un recuerdo de estos que se te GRABAN…

Mi hermana melliza y yo habíamos usado nuestra Blancanieves de plástico manca, y los seis enanitos también de plástico que aún le sobrevivían, para grabar un pequeño películo con ellos (cortometraje no se le puede llamar).

Cogimos y se lo llevamos felizmente una mañana soleada y luminosa a nuestra querida maestra del cole en una cinta VHS, para que lo pusiera en clase antes del recreo. ¿Algo que se nos había olvidado hacer? Rebobinar la cinta…

Como el películo no se sabía muy bien dónde estaba, si hacia la mitad de la cinta o hacia el final, para llegar a él, la maestra tuvo que rebobinar dándole al botón “pausa” en varios momentos a ver si ahí sí, ¡y comenzó la ruleta rusa! De distintos vídeos caseros que tu padre te hace, mientras juegas acalorá perdía en el trastero, sin camiseta y sin saber que te graban (icono de mano en la frente). La única certeza que te queda a partir de ahí es que, con cada pausa, se multiplican las probabilidades de que se vea ese vídeo en concreto donde sales quitándote unas chanclas, que son más horteras de lo que piensas, para platicarle a tu pie, que está más negro de lo que piensas.

Aunque sea un poquito, ¿te reíste? Los 30 y pico monstruitos de la clase de 1º de primaria que ese día llenaban el salón de actos donde se proyectaba la cinta, también :))))

José Antonio Rodríguez Díaz (coautor del libro Animación.es): realmente son dos, recuerdo ver en el cine el largometraje de Ralph Bakshi El Señor de los Anillos cuando yo tenía unos 7 u 8 años y había ido al cine con mis hermanos mayores. En esa época existía la sesión continua, así que cuando acabó la película nos quedamos un rato a volver a ver parte de ella en la siguiente sesión hasta que ya nos tuvimos que ir porque nos recogían. A pesar de eso no recuerdo que me gustara especialmente pero si que despertó mi curiosidad sobre cómo estaba hecha, es una película con una mezcla de técnicas que se hace muy evidente por la diferencia de estilos y de animación que se percibe en pantalla entre los personajes rotoscopiados, aquellos en los que se ha tratado y coloreado el negativo tras el rodaje y los animados tradicionalmente.

Sin embargo la película que realmente me descubrió la animación fue El libro de la selva, la película es de 1967 así que no pude verla en el estreno porque no había nacido, pero recuerdo verla en el cine con mi padre y mis primos. Creo recordar que en aquella época, previa al video, Disney reestrenaba sus clásicos de vez en cuando así que imagino que sería en uno de esos pases porque también recuerdo ver en pantalla grande Los aristogatos que es de 1970. Ahí sí que me quedé fascinado, todo me gustaba de la película, la hubiera visto mil veces. No puedo decir que despertara en mí la vocación por dedicarme a la animación en ese momento, eso vino algo más tarde, pero sí que fue un deslumbramiento, algo que de alguna manera me volvió a pasar ya siendo adulto al ver Toy Story en el año 1995, pero desde luego no como después de esas primeras proyecciones.

Sofía Poggi (Hitos Animados): mi primer recuerdo relacionado con la animación es una conversación que tuve con mi hermano y mi mejor amiga de la infancia. Yo tenía cierta noción de cómo funcionaba la animación porque conocía los flipbooks. Por eso, ante la pregunta de cómo se hacían los dibujos animados, mi respuesta fue que había una persona parada frente a la cámara de televisión con un flipbook gigante, haciendo pasar los dibujos. Debía tener unos seis o siete años.

AnimeFagos: Mi primer recuerdo relacionado con la animación es bastante difuso, ya que desgraciadamente para mí, ya hace muchísimos años, y uno se va haciendo mayor.

Sin embargo, aunque no puedo identificar la primera vez que vi algo relacionado con el anime, o con el sector de la animación en general, sí tengo muy claro algo que es imposible de olvidar, y que puedo considerar como mi primera incursión en el mundillo.

Hablo de aquellas tardes en los que estaba deseando que dieran las cinco menos cuarto para regresar a casa, ya que había descubierto que ponían una serie de dibujitos en el Canal Sur, que se titulaba Dragon Ball.

Ese era el tema de conversación todos los días durante los recreos con los amigos. Amigos que con el tiempo nos fuimos distanciando, pero dichos recuerdos con ellos perduran en mi memoria gracias a ese niño con cola (trasera) del cual disfrutábamos todas las tardes.

A partir de ahí, obviamente fueron llegando muchos más animes, generalmente los que se iban estrenando en las televisiones, recordando perfectamente que prefería estos últimos a otras series de animación no japonesas que también se emitían.

Y afortunadamente, gracias a esos gratos recuerdos, hoy esa afición perdura, y gracias a ella nació el blog en el que publico noticias, para así intentar crear nuevos fans con las generaciones venideras.

Juan Carlos Mostaza: pues no tengo muy claro cuál es mi primer recuerdo… ummm… recuerdo todos esos VHS de Disney en los que había muchas cosas mezcladas y también la película de Pedro y el dragón Elliot. A día de hoy no es de mis favoritas (mezclando imagen real y animación, Roger Rabbit me parece una obra maestra), pero le guardo un especial cariño y además resumen muy bien mis aspiraciones de hacer animación e imagen real indistintamente y no necesariamente unidas en la misma película.

Aleix Pitarch: mi memoria es bastante mala y me cuesta determinar cual es mi primer recuerdo relacionado con la animación. Mis padres aseguran que ya antes de hablar era fan de Mazinger Z, pero a esa edad mi cerebro no grababa recuerdos. Poco tiempo después, con 5 años de edad, sí que recuerdo ser fan incondicional de la serie Capitán Harlock (estrenada en julio de 1985 en TV3) a pesar de no entender prácticamente nada de la trama. Por algún motivo que desconozco, durante mi infancia no vi prácticamente nada de animación de Disney.

En cambio, sí que recuerdo haber visto bastantas cosas de animación europea, ya que hubo un tiempo en que TV3 (la televisión autonómica catalana) emitía películas de animación los sábados o domingos por la mañana, y eran en buena parte producciones europeas, como las pelis de Asterix. De esa época, una película que vi infinidad de veces fue Vip, mi hermano superhombre, de Bruno Bozzetto. También dejó marca en mi memoria El planeta salvaje, que creo que se les coló a los responsables de la programación, porque sin duda no es una peli para programar a las 10 de la mañana un sábado, a no ser que quieras traumatizar a una generación de niños, ja ja ja. Estuve más de una década sin saber cómo se llamaba esa película, pero con sus imágenes grabadas en la retina, hasta que me topé con ella en un número de la revista Nosferatu.

De esa época «early tv3» también me marcó bastante una serie polaca en stop motion, Miś Uszatek («Les Històries de l’Osset Faluc»), hasta el punto de que siempre que conozco a alguien de Polonia le acabo cantando las primeras líneas de la canción de los créditos finales. A grandes rasgos, esos son los primeros recuerdos que conservo. Poco después ya llegaría Dr Slump (estrenada en TV3 en enero de 1987). Mirando hacia atrás, creo que mi generación fue bastante afortunada, ya que durante nuestros años formativos estuvimos expuestos a películas y series de animación con una altísima diversidad temática y estilística.

Carolina López: seguramente habría visto otras animaciones antes, de hecho me consta, que mis padres y abuelos me llevasen a ver películas de Walt Disney al cine, de más pequeña, pero el primer recuerdo que realmente me quedó grabado, siendo consciente de que fuese animación, es la serie Heidi, de Isao Takahata. Me encantaba por los colores, también es verdad que se empezó a popularizar la televisión a color en esa época en España, estábamos pasando de la televisión en blanco y negro en muchos hogares en España a la de color y entonces de repente ver dibujos animados a color en casa era maravilloso. Pero sobre todo me gustaba de Heidi el personaje, su ‘joie de vivre’. Era una niña que no era noña, era un personaje fuerte, llevaba el pelito corto y era valiente. No estábamos muy acostumbradas a vernos representadas de esa manera en televisión. Luego ya veríamos en el cine de Hayao Miyazaki, aprendiz y luego socio y amigo de Takahata, la importancia de las niñas y de las mujeres fuertes.

Me encantaba que Heidi era una niña muy independiente, que viajaba, que vivía con su abuelo en plena naturaleza. Jugaba como un niño, saltaba, corría y lo pasaba bien y expresaba sus sentimientos a lo grande. Su entorno era ideal y sólo vivir parecía una aventura constante, los Alpes, la cabaña de su abuelo, el pajar donde dormía… Era un personaje muy chulo y más para las niñas que no nos sentíamos representadas de esa manera en televisión (salvo honrosas excepciones como Pippi Calzaslargas).

Y luego como anécdota de la propia técnica, a mí me llamaba mucho la atención el hecho de que Heidi cuando desayunaba su bollito con su tazón de leche, daba un mordisco al bollo y sin embargo al retirarlo de la boca, siempre volvía a estar entero. ¡Aquello era un misterio! que resolví años más tarde cuando ya sabía lo que que era un ‘loop’ y reaprovechar los dibujos en una animación.

Juanfran Jacinto: Lo cierto es que de pequeño nunca me interesó la animació. Siempre estuve más interesado por el teatro de marionetas, los muppets,.. Podría decir que fue gracias a Carla Pereira Docampo. Nos conocimos el el rodaje del piloto de Clay Kids, y aunque uno de nuestros primeros trabajos juntos fue una obra de teatro de marionetas, juntos empezamos a fantasear con contar historias animadas. Mi primer recuerdo… Clay Kids y Carla Pereira Docampo.

Carla Pereira Docampo: yo nací en Argentina y pasé mi infancia allí. Cuando era pequeña ví un corto de stop motion en un programa cultural que se llamaba «Caloi en su tinta», presentado por el historietista argentino Carlos Loiseau (Caloi). «Caloi en su tinta» era un programa dedicado a la difusión del cine de animación independiente. Todo esto lo supe después, porque como era muy pequeña sólo recordaba que estaba hecho en stop motion y que aparecía un violinista al que la muerte había ido a buscar a su casa, así que él se encondía para que no lo encontrara. La escena que mejor recordaba era la del violinista escondiéndose dentro de un armario. Me había quedado tan fascinada por ese corto que durante años lo busqué incansable por internet, lo que pasa es que la información que tenía era muy poca. También le describí el argumento a un montón de gente, para ver si alguien sabía el título del corto o el autor. A menudo escribía en el buscador de youtube cosas como «el violinista y la muerte stop motion», pero nada. Cada tanto volvía a intentarlo. Hasta que en 2008 murió Caloi y empezaron a colgar en youtube algunos de los cortos que aparecieron en su programa. Así que lo encontré por fín y descubrí que se titulaba «El músico y la muerte». El autor era un director checo que se llamaba Lubomir Benés. El corto me seguía pareciendo igual de fascinante que la primera vez que lo ví.

María Lorenzo Hernández: Curiosamente, mis primeros recuerdos asociados a la animación no tienen que ver con Disney, ni con las fantásticas series españolas de animación de los ochenta. Tiene que ver, sobre todo, con animaciones japonesas muy poco recordadas hoy en día.

A principios de los ochenta se podía ver en TVE, como relleno de la programación principal, esta serie: Manga Nihon Mukashi Bakashi, de Nippon Animation, que aquí se conocía como Viejas leyendas japonesas. No tenía un hilo narrativo ni personajes fijos, por lo que cada capítulo era autoconcluyente. Se realizó entre 1975 y 1994, y alcanzó a tener más de 1.400 episodios. Como era una cosa “rara”, no la programaban en el típico horario infantil, sino a horas más bien intempestivas. Me suena que era en torno a las 20:30, antes del telediario de la noche.

Creo que me impactaban mucho los diseños de personajes, que eran muy sencillos, y las historias tenían gran emoción, a menudo con situaciones sobrenaturales y con mucha tensión, a vida o muerte. Recuerdo particularmente un episodio en el que un campesino, un santón y un médico eran condenados a pasar penurias en el infierno, pero cada uno de ellos, que en realidad eran personas correctas, utilizaban sus habilidades para escapar de los tormentos. Por ejemplo, cuando los metían en ollas hirviendo, el santón rezaba para que el agua se enfriase. Y cuando el demonio con más mala leche se los traga vivos, es el médico quien aplica sus conocimientos para devolvérsela al gran demonio. Resulta que en el interior del cuerpo había como una serie de cosas largas que colgaban desde la garganta hasta el estómago, que eran como “mandos” de las emociones, y según tirases de unos o de otros creabas ciertos efectos: de esta manera, si tirabas de uno el demonio se reía, pero pasándolo fatal, como cuando te hacen cosquillas. Y finalmente, a base de estirar de todos los mandos y confundir sus impulsos, lo derrotan y consiguen escapar de allí.

Por supuesto, yo creí durante muchos años que teníamos esa especie de apéndices interiores y los eché de menos cuando empezamos a estudiar el cuerpo humano en el colegio.

Es básicamente imposible encontrar los episodios más antiguos en youtube, pero se puede ver alguno reciente.

Postdata: sí, tardé muchos, muchos años en ver películas de Disney. No me llegaban porque las que se estrenaron en los 80 eran poco atractivas (aparte, a mí de pequeña no me llevaban al cine, pero esa es otra historia), y las clásicas eran casi inaccesibles, a menos que fuesen muy adicto al videoclub, que no lo éramos. Pero ocurrió que yo “oí” antes que vi varias películas de Disney, gracias a que mi padre me compró estos preciosos vinilos que reproducían los diálogos y banda sonora de estas películas (ojito, las imágenes están impresas a color en el propio vinilo):

David Saborido: podría decir muchos y diversos recuerdos relacionados con la animación de cuando era niño, me he merendado toda la animación que había en los medios disponibles de hace más de 30 años. Mucho Disney, mucho Dragon ball y mucho Xabarín Club. Pero mi contacto real con la animación y lo que hizo que desde muy pequeño quisiese dedicarme a esto fue un curso de cine y teatro de verano que organizó el Ayuntamiento en donde yo vivo para la juventud que había en aquel momento. No éramos muchos, yo el más joven, unos 8 años. Los monitores que lo impartían venían de Madrid, con un estilo muy “hippie” que para nosotros era raro ver en la zona donde vivíamos. Eran unas personas maravillosas y fue uno de los mejores veranos de mi vida.

Aparte de realizar y grabar varios cortometrajes, como también una obra de teatro, hicimos varias pruebas, que para mi era magia, brujería. Me grababan con cámara de 35mm peleando yo solo contra «algo» con un palo en mis manos… Yo no sabía por qué me grababan pegándole al aire, pero me creaba una gran curiosidad. Al acabar me dieron varios bolígrafos de colores y me pidieron que rayase la película que habíamos grabado pintando en el fotograma pegado a la ventana y que fuera dibujando al monstruo con el que iba a pelear, fotograma a fotograma…. Fue un trabajo de chinos que yo realmente entendía, pero no entendía del todo. Una vez lo montaron analógicamente en aquellas máquinas de montaje audiovisual tan entretenidas, lo proyectaron, y me vi peleando con un palo contra un monstruo de colores moviéndose todo el rato…. Aluciné…. Mi mente se abrió… y dije que quería dedicarme a hacer ese tipo de magia….

Cosas de esta vida, hasta una edad tardía no he podido dedicarme a la animación, pero ahora felizmente me dedico a lo que de pequeño soñé con trabajar y estoy seguro que en parte fue a esa experiencia con la animación y forjada aún más a fuego, dentro de mí, cuando vi Luminaris, de Juan Pablo Zaramella, decidí dedicarme al stop motion, y lo haré hasta que el sector me lo permita en los tiempos extraños que corremos. Ojalá los niños de hoy en día puedan disfrutar de más cursos de ese tipo y salgan más de casa a experimentar y vivir aventuras que es lo que significa la palabra, VIVIR.

David Fidalgo Omil: pues he mamado mucha animación desde pequeño, muchas series como la mayoría, pero bueno mi padre tenía un videoclub cuando nacimos mi hermano y yo así que teníamos muchas vhs a nuestro alcance, me acuerdo de pelis como En busca del valle encantado, Rex: Un dinosaurio en Nueva York o Fievel y el Nuevo Mundo. Supongo que me acuerdo de ellas porque pese a ser pelis infantiles tenían momentos muy cruentos y hasta de cierto terror para cualquier niño. Pero creo que la magnitud de la animación no la percibí realmente hasta ir al propio cine. El rey león fue la primera película que vi en una sala, aunque no recuerdo realmente como fue vivir el giro dramático si que a Timón y Pumba los llevo en el corasao. Pero bueno la película que me marcó de pequeño fue cuando vi en el cine Toy Story. Imagino que la novedad del 3D ayudó a verla de otra manera, pero sin duda todos los personajes son memorables y se convirtió en una trilogía con la que crecer, le tengo especial cariño y sí la 4, para mí, es un mundo aparte. Realmente mi acercamiento a la animación no creo que sea muy diferente a la de nadie, pero pensar en esto me sirve para recordar lo importante que es la animación para el crecimiento de las personas pues es un aporte para la imaginación muy grande, la pena es que una vez crecidas, la mayoría hace como Andy y ‘’abandona’’ sus juguetes y la animación pasa a ser algo relegado al pasado infantil.

Pablo Muñoz (director del podcast Pobre Pierrot): primero que nada quiero advertir que, allí donde otras personas que han participado en este artículo relatarán un amor a primera vista, mi primer recuerdo vívido y claro relacionado con la animación consistió en una terrible decepción, que instauraría en mí un rechazo severo a uno de los grandes nombres de este medio y una cierta reticencia a todo lo que fuera cine infantil.

Recuerdo mis dos primeras visitas al cine: Oliver y su pandilla y En busca del valle encantado pero no puedo asegurar cuál fue el orden de estos dos visionados. Sí que recuerdo, en cambio, que tiempo después empecé a insistirles a mis padres en que me llevaran a ver una película que había sabido crear a su alrededor eso que hoy en día conocemos como “hype”. Era la película del momento, la película de la que todo el mundo hablaba y, finalmente, la película que no pudo haberme decepcionado más y que me llevó a conocer por primera vez el desengaño con un producto audiovisual.

La película en cuestión era La Sirenita y a mi yo de 6 años (si no calculo mal) le pareció un peñazo azucarado carente de emoción o espíritu de aventura plagado de canciones que no podían parecerme más odiosas. Desde aquel entonces le puse la cruceta a cualquier película Disney así como a lo que la gente tuviera que decir sobre estas y no fue hasta pasada la treintena que “disfruté” de títulos como Hércules o El rey león.

Aunque he trabajado en quitarme los prejuicios de encima, todavía hay ciertas marcas de estilo del Disney de esa época que siguen resultándome atroces, sobre todo las canciones, esas malditas canciones.

Paulo Mosca: no recuerdo mi primera experiencia con la animación, supongo que sería Bambi, o la cigarra aquella que salía en Barrio Sésamo, o algo así; lo que sí tengo muy claro es cuándo la animación me atrapó. Sucedió cuando echaban Televisión Líquida en TVE2 a mediados de los noventa. Ese programa de la MTV (de eso me enteré después, que yo ese canal ni lo conocía) que echaban en la 2 los martes de madrugada, uno nunca sabía exactamente a qué hora, pero allí me sentaba yo, semana tras semana, a ver si ponían aquello. El programa mezclaba cortos raritos, videoclips marcianos y miniseries dementes: Aeon Flux, Bill Plimpton, un culebrón protagonizado por jabones en un lavabo (creo que se llamaba Soup, que significa a la vez enredo y jabón), un videoclip que decía «Estambul no es Constantinopla pero nosequé»… La cosa es que en aquellos momentos para ver cosas curiosas en la tele pública solo había dos opciones: o Metrópolis o Televisión Líquida. Metrópolis era cosa de artistas muy trascendentes y muy conscientes de sí mismos en su propia mismidad; en Televisión Líquida decían tacos y salían culos. La decisión estaba clara.

David Heredia Pitarch (autor de Las 100 mejores películas anime): me considero una persona con una memoria más bien pobre pero, con razón, recuerdo bien cierto momento en mi niñez que fue clave en mi crecimiento posterior. Sin duda había visto ya otros títulos animados en televisión y, además de los esperables filmes de Disney de la época, es probable que hubiera visto alguna que otra película más. Pero ese día, con cuatro años, al encender el televisor me recibió cierto cuarteto de tortugas practicantes de las artes marciales que me provocó un gran impacto. Los llamativos personajes, la trepidante acción y el hecho de que se alejara tanto del tono infantil que abundaba en las historias que consumía revolucionaron por completo mi concepción sobre lo que podían ofrecer «los dibujos», hasta el punto de despertar en mí un afán creativo completamente irrefrenable. No solo quería ver la serie, quería ser partícipe de ella, quería crear mis propias aventuras para llenar el tiempo que pasaba sin verla en televisión. Empecé a dibujar de forma regular y me emocionaba cada vez que aparecía un nuevo personaje por las nuevas posibilidades que ofrecía. Durante años, Las tortugas ninja compartieron un espacio significativo de mi vida y, aunque terminé abandonándolas por otros títulos según crecía la oferta en la pequeña pantalla, hoy soy consciente de lo importante que es despertar la imaginación de los niños a través de la animación, desafiando lo que conocen y despertando su curiosidad.

Pablo Nicolás Martínez Ballarín: unas plantas gigantes, algo me dice que son de otro planeta. De ellas caen unas gotas de agua. Al llegar al suelo se convierten en una especie de planta carnívora fusionada con un todoterreno monstruoso. ¿Monstruoso? Eso lo sé porque alguien, en ese planeta extraño, las llama mostroplantas. Recordando este recuerdo casi siempre he pensado “¡Fuu, qué guapo, ¿no?!”. Puede que sea el germen de lo que quiero de la (mi) animación: violencia, velocidad, que muerda, que lo vea un niño y piense “¡fuu qué guapo!”. Es un recuerdo tan remoto que a veces llegué a pensar que me lo podía haber inventado. Pero ya en la carrera, al decir mostroplanta, alguien con una infancia parecida me dijo de qué serie era. Est il rien de plus beau qu’un chef d’oeuvre qui mord? »

Ana Má Hernández: fue viendo El inspector gadget. Lo veía a la hora de comer antes de volver al colegio y me quedaba extasiada mirando la tele. Alucinaba mucho con los inventos, jajaja. Otro de mis grandes recuerdos fue cuando vi por primera vez anime, en concreto la serie Do Re Mi, que era de un grupo de colegialas que adquirían poderes.

La serie lo tenía todo: humor, un grupo de chicas con las que identificarte, que además se convertían en brujas y tenían unos trajes chulísimos. Fue a partir de ahí cuando empecé a dibujar a saco, me inventaba a otras brujitas partiendo de los diseños de la serie, hacía comics… Por otro lado veía todos los animes que emitían por televisión en la época: Sakura, Detective Conan, Shin Chan, Kochikame, Cosas de locos, etc.

También recuerdo mucho la época de oro de cartón Network, con Las supernenas que fue un bombazo (yo tenía un peluche de cactus), Samurai Jack (muy infravalorada), y bueno, no creo que haga falta que las mencione todas, las conoce todo el mundo. La verdad es que si a cualquier niño le gustaban los dibujos, yo me quedaba absorta total. En cuanto a largometrajes, mis 3 películas que veía obsesivamente eran: Mulán, Shrek (que además fui al cine 3 veces a verla), y El viaje de Chihiro, que incluso me cargué un CD de verla tantas veces. Esta última si fue una revelación para mí porque no sabía del todo por qué me atrapaba tanto, acostumbrada a cualquier otra película con narrativas al estilo Hollywood. Era algo desconocido, pausado y reflexivo, pero creo que es una peli tan buena, que incluso un niño pequeño que no comprende del todo que ocurre la puede disfrutar.

Pedro Delgado Cavilla: mi primer recuerdo me traslada a Tánger, entonces ciudad internacional en el norte de África. Impresionado por La bella durmiente, de Disney, con cinco o seis años, aquella película me llevó a hacer unas acuarelas. Quedé fascinado con Maléfica. Mi segundo recuerdo más cercano a lo profesional es de los años sesenta, cuando en un club juvenil de la época, y del que formaba parte, un muchacho mayor que yo (que debía trabajar en los Estudios Moro, relativamente próximos a mi casa) mostraba un cel coloreado, además de tirar los tejos a una chica muy atractiva. No sé si envidié tener el dibujo por la suerte de estar con esa muchacha. Pero me sentí fascinado por aquella página de acetato y lo que representaba. Desde entonces mis paseos por Arturo Soria hasta el puente inmediato a los estudios cinematográficos CEA (hoy desaparecidos) me hacían soñar con el cine. En la otra acera de la autopista se alzaban los Estudios Moro. Mi otro recuerdo, que enlaza directamente con mi dedicación al cine de animación, es haber visto uno de los cortometrajes que Cruz Delgado incluyó en Mágica aventura. Ya no lo dudé, yo también quería hacer aquello. Y llamé a su puerta.

David Ibernia: los recuerdos de la infancia son bastante confusos y lo que no recordamos bien el cerebro se lo inventa, pero yo diría que mi primera película en el cine, con 4 o 5 años fue Robin Hood, de Walt Disney. Fui al cine (a una reposición) con mi madre, una vecina y su hijo. Fue todo un acontecimiento y creo que no entendí nada, pero lo flipé. Algo que me marcó avanzado el tiempo, con unos 10 años, fue la serie de anime El Capitán Harlock. Recuerdo ver en Canal Sur el episodio 1 y pensar que los dibujos estaban mal hechos. Al intentar emularlo me frustré muchísimo y pasé de detestar la serie a ser un fiel seguidor de cada aventura del pirata espacial. Yo creo que acostumbrado a las animaciones de Disney, aquello me parecía mucho más pobre, pero al poco empecé a interesarme por esa animación que contaba historias más variadas.

César Díaz Meléndez: pues creo que fue con el Cinexin. Flipaba dándole a la manivela lentamente para ver frame a frame y así descubrí como funcionaban los dibujos animados.

Maider Ávilar: ay, ojalá conservar el recuerdo de la primera serie/película de animación que vi. En lugar de ello, tengo una macedonia de recuerdos mezclados. Por mi cabeza pasan varias películas y series: Mickey Mouse, Sesame Street, La tortuga Manuelita, Las nuevas aventuras de Peter Rabbit (1995), Calimero y Los cisnes encantados.

Pero quiero hablar de dos de ellas, de las que más me hacen sonreír cuando las recuerdo: Sesame Street y Las nuevas aventuras de Peter Rabbit. He hecho un poco de trampa y he visto un vídeo que me grabaron mis padres cuando tenía 3 años y abría los regalos de navidad. Pues bien, yo nunca he sido especialmente expresiva, pero con todos los regalos que tenían que ver con Sesame Street se me escapaba una sonrisa enorme y un “¡Alaaaa!”.

¿Y qué decir de Peter Rabbit? Esta película la recuerdo muy bien. No sé con qué edad la vi por primera vez, pero sé que continué viéndola una y otra vez, aun cuando ya había superado -por mucho- la edad recomendada. ¿Obsesión? Un poco (una costumbre que he mantenido hasta la fecha, y con mucho orgullo).

Emoción, obsesión… La animación me hacía sentir bien, me hacía sentir algo que aún hoy sigo sintiendo: magia. Y cuánto me alegro de no haber perdido esa capacidad para soñar y dejarme envolver por la magia.

Juan Francisco Paez (Hitos Animados): mis primeros recuerdos relacionados a la animación son en la habitación de mis padres, ahí fue donde más horas de animación vi. Como ellos trabajaban hasta tarde y yo era el menor de 4 hermanos el televisor de esa habitación era el único que estaba disponible. Recuerdo ver muchos cortos de la Warner, la MGM y popeye en Cartoon Network. También recuerdo a mis 7 años la rutina de ver, a las 19:30, el animé de turno en un canal que se llamaba magic kids. Cuando terminaba «A jugar con Hugo» (un programa de juegos por teléfono) corría a la cocina a preparar una limonada antes de que empiece Dragon Ball. Llegaba siempre con el tiempo justo para ver el opening con un vaso de un dudoso limón de botella y cantidades exageradas de azúcar. Con la adrenalina de la preparación disfrutaba las peleas de gokú saltando en la cama con resortes y reponiendo energía con la bebida que estoy seguro que era horrible.

Raquel Juan Maestre: mi primer recuerdo que tengo de la animación yo creo que sería cuando era pequeña y llegaba de clase y me ponía a ver los dibujos animados, cuando había Cartoon Network. Creo que son los recuerdos más felices de mi infancia, sinceramente. A mí no me gustaba ir al parque con los otros niños y niñas. Yo era más fan de volver a casa y dibujos animados. Y el fin de semana, levantarme super temprano para ver dibujos animados. Yo me acuerdo de que por las mañanas echaban One Piece, eso era como: ¡wow!, ¿qué es esto? Claro que de pequeña no sabías que eso se podía estudiar o lo veías como muy lejano poder trabajar en eso. Pero bueno, después descubres que es posible y que tus sueños se hacen realidad».

José Enrique Iñesta: mi primer recuerdo con la animación, creo que es de muy pequeño… Me gustaban mucho los personajes de Disney. Mi favorito era Mickey Mouse. No recuerdo identificar que era animación, sólo recuerdo que me gustaban mucho sus historias y los personajes con los que convivia. Me reía mucho con Goofy (en México le llamábamos Tribilín) y sus aventuras. Y mi primer experiencia traumática fue con Blanca Nieves… Me impresionó mucho la bruja. Recuerdo que no podía dormir y ahí fue cuando me explicó mi mamá que no era real, que eran sólo dibujos que cobran vida. La siguiente película que vi, El zorro y el sabueso, también rompió mi corazón al final y me di cuenta de lo poderosa que es la animación para contar historias.

Carmen Córdoba González: Supongo que soy fiel a mi generación estando mis primeros recuerdos ligados a Walt Disney. El primerísimo de todos fue ver Dumbo en la pantalla grande. Fue mi primera película en el cine, y aunque pueda parecer que no dista demasiado de ver dibujos en la tele, el efecto que me causó fue superlativo. Mi madre me recuerda que no podía contener mi emoción y que, para diversión de los espectadores de alrededor, iba comentando con entusiasmo todo lo que veía. Yo en cambio lo que recuerdo es lo que me asustó y al mismo tiempo me fascinó la escena en que Dumbo se emborracha y alucina todos esos elefantes rosas. Curiosamente al reflexionar sobre mis primeros recuerdos acuden a mi mente las escenas más oscuras de las películas de Disney, como cuando le salen orejas de burro a Pinocho y sus amigos o cuando Maléfica se transforma en Dragón cambiando la paleta a verdes y negros en La bella durmiente. Esas, y no las más edulcoradas o tristes, son las partes que más me impactaron y que se fijaron en mi memoria. Quién sabe, quizás paradójicamente Disney tiene la culpa de que el género de terror sea uno de mis favoritos.

Jesús García Guijarro: me vienen a la cabeza dos series ambientadas en el espacio que me obsesionaban de pequeño. La primera era BraveStarr, una serie sobre un sheriff en la colonia espacial de Nuevo Texas. Me encantaba esa especie de oeste espacial donde lo mismo había rastrojos que naves espaciales; me encantaba Thirty-thirty, un caballo biónico que a la mínima provocación se erguía sobre las patas traseras y disparaba con una escopeta a la que había bautizado como Sarah-Jane; me encantaban los poderes chamánicos del protagonista: fuerza de oso, velocidad de puma, vista de halcón y oído de lobo. No sé cómo habrá aguantado el paso del tiempo, pero durante mucho tiempo quise ser BraveStarr.

La segunda es Galaxy Rangers, un grupo de agentes espaciales que se dedicaban a proteger la ley en un momento en que la humanidad se había expandido por distintos planetas, una especie de Star Trek con muchísimo western de por medio, con cuatro personajes que no podían molar más: el líder, con un brazo biónico capaz de acumular enormes cantidades de energía; una mujer con poderes psíquicos; un hacker capaz de conectarse físicamente a cualquier sistema; y el canallita, capaz de generar biodefensas y adaptarse al entorno. Creo que había muchísimas ideas muy divertidas en esa serie. Y la intro no tenía desperdicio; para mí, al nivel de la de Thundercats, y eso es decir mucho.

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